Portada del libro "Ajuste de cuentas", de Rodolfo Padilla Sánchez. La portada contiene múltiples formas y colores.
Fragmento de "Tres caídas"
La sombra de un mal presagio hacía tiempo que los sobrevolaba. No se molestaron en alterar un destino incierto, sino que mantuvieron una casa sumida en la estolidez.
Fue un matrimonio concertado, sin afecto. Nunca entenderían los motivos de ese acuerdo secreto entre sus familias, como si el prestigio de un apellido o el poder de algunas cifras fueran suficientes para unir a dos personas. Cuando se vieron en el altar apenas si se conocían, limitados sus recuerdos comunes a las tardes remotas en que, de muy niños, se veían en los prados y se escondían, corrían y salpicaban agua de los charcos en días de lluvia. Después, algún tipo de malentendido o sus propias obligaciones los distanciaron hasta el día en que les trajeron la noticia y ambos, subordinados a las decisiones de sus padres, aceptaron sin rechistar. Mentiría si negaba que en ese momento algo se encendió en su pecho. Recordaba a la Santeiro niña, la que reía y bromeaba con voz aguda y tono firme, pero desconocía a la mujer religiosa, aturdida por algún tipo de trauma que nunca le quiso contar y que hizo de ella un bloque de hielo que hacía anidar el invierno por los rincones del verano más caluroso.
Los primeros años fueron felices, a su manera. Él permanecía en los días de la infancia, las tardes en los prados o las escapadas al bosque y trataba de recordárselas a ella sin importarle las veces que le pidiera detener la nostalgia. Así, Augusto Méndez perdió el interés por su esposa a los tres años, cuando las oraciones, el silencio y el miedo se apoderaron del matrimonio y lo dio como causa perdida. Se rindió al comprender que se desgastaría a sí mismo si seguía buscando amor donde no había. Ella misma se lo dijo:
–No tiene sentido. La obligación carece de vocación. Trata de no equivocarte.
SINOPSIS
El fin de la infancia abre un abismo de realidad en el que los sueños y la magia están prohibidos. Los recuerdos y la idealización son el único recurso que les queda a los protagonistas para sobrevivir a un mundo impersonal, frío y cruel. Algunos aprenderán la inutilidad de la nostalgia cuando la memoria distorsione su pasado mientras que otros comprenderán su valor demasiado tarde. La soledad y la marginación, a veces buscada, los llevará a soñar criaturas a las que luego destruirán por contradecir la Ley Natural. Entre máscaras y falsas apariencias envidiarán lo que para otros es infelicidad, se arrepentirán de las oportunidades desperdiciadas y de las decisiones tomadas al calor de obsesiones y absurdas manías y encontrarán una venganza desgarrada entre las llamas de una casa destruida por un espejo. El alcohol, el peregrinaje sin rumbo, el miedo y la confusión harán surgir insectos y voces que precipitarán el final de estos soñadores.
La mitología, los libros inventados, los heterónimos y los laberintos son un portal a realidades intemporales e inquietantes donde el tiempo no pasa igual para todos y donde la puesta en abismo y el vértigo construyen el eco del desencanto.
La melancolía y las falsas ilusiones serán un fuego que los consuma.
Sello de Editorial Balduque.
En "Ajuste de cuentas" los personajes viven sometidos a elegir: ser leales al niño que fueron o renunciar a sus sueños para sobrevivir en un mundo que valora al individuo en aras de su productividad. Felicidad o fracaso para contentar a la sociedad.
Aquí un fragmento de uno de los relatos. #litesky