mundo. » La Bandera Roja de Pekín
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es que “dos fusionan en uno” están contra la dialéctica materialista. Los dos lados han trazado una neta línea de demarcación entre ellos y sus argumentos son diametralmente opuestos. Esta polémica refleja, sobre el plan ideológico, la lucha de clases aguda y compleja que se vive en China y en el
materialista, una lucha entre dos concepciones del mundo: la concepción proletaria y la concepción burguesa. Aquellos que sos tienen que “uno se divide en dos” es la ley fundamental de las cosas están del lado de la dialéctica materialista; aquellos que sostienen que la ley fundamental de las cosas
III Unidad y división en la apariencia « Una nueva y animada polémica se desarrolla en el país, en el frente de la filosofía, a propósito de los conceptos “uno se divide en dos” y “dos fusionan en uno”. Este debate es una lucha entre los que están por y los que están contra la dialéctica
mercancía se contempla a sí misma en un mundo que ella ha creado. * Allí donde estaba la universalidad inmediata, independiente, de lo económico debe venir el sujeto como mediación y supresión de tal independencia (N del T).
La conciencia del deseo y el deseo de la conciencia son idénticamente este proyecto que, bajo su forma negativa, quiere la abolición de las clases, es decir, la posesión directa, por los trabajadores, de todos los momentos de su actividad. Su contrario es la sociedad del espectáculo, donde la
emerger más que de la sociedad, es decir, de la lucha que está en el interior de ésta. Su existencia posible está suspendida a los resultados de la lucha de clases que se revela como el producto y el productor de la fundación económica de la historia.
Al instante que la sociedad descubre que ella depende de la economía, la economía, de hecho, depende de la sociedad. Esta potencia subterránea, que ha crecido hasta aparecer sobera namente, ha también perdido su poderío. Allí donde estaba el “ça” económico debe venir el “je” *. El sujeto no puede
profunda en la medida misma en que sale del inconsciente social que dependía de ella sin saberlo. “Todo lo que es conciente se usa. Lo que es inconsciente queda inalterable. Pero, una vez liberado ¿no cae éste en ruinas a su vez?” (Freud).
a reemplazar la satisfacción de las primeras necesidades humanas, someramente reconocidas, por una fabricación ininterrumpida de pseudo necesidades que se resumen todas en la sola pseudo necesidad del mantenimiento de su reino. Pero la economía autónoma se separa para siempre de la necesidad
La victoria de la economía autónoma debe ser al mismo tiempo su pérdida. Las fuerzas que ella ha desencadenado suprimen la necesidad económica que ha sido la base inmutable de las sociedades antiguas. Cuando la economía la reemplaza por la necesidad del desarrollo económico infinito, ella se obliga
forma de objetos sensibles. La extensión de la sociedad toda es su retrato.
El resultado concentrado del trabajo social, en el momento de la abundancia económica, se torna aparente y somete toda realidad a la apariencia, que es ahora su producto. El capital no es ya más el centro invisible que dirige el modo de producción: su acumulación lo lleva hasta la periferia bajo la
se ha intercambiado contra la totalidad de la representación abstracta. El espectáculo no es solamente el servidor del pseudo uso; sino que ya en sí mismo es el pseudo uso de la vida.
espectáculo es su comple mento moderno desarrollado en el cual la totalidad del mundo mercantil aparece, en bloque, como una equivalencia general de aquello que el conjunto de la sociedad puede ser y hacer. El espectáculo es el dinero que solamente se mira, pues en él es ya la totalidad del uso que
El espectáculo es la otra cara del dinero: el equivalente general abstracto de todas las mercancías. Pero si el dinero ha dominado a la sociedad en tanto que representación de la equivalencia central, es decir, del carácter intercambiable de los múltiples bienes cuyo uso no era comparable, el
indispensable a la falsa vida.
El valor de uso que estaba implícitamente comprendido en el valor de cambio debe ser ahora explícitamente proclamado, en la realidad invertida del espectáculo, justamente porque su realidad efectiva está corroída por la economía mercantil hiperdesarrollada; y que una pseudo justificación se hace
sobrevida aumentada, que es la base real de la aceptación de la ilusión en general puesta en el consumo de las mercancías modernas. El consumidor real deviene consumidor de ilusiones. La mercancía es esta ilusión efectivamente real, y el espectáculo su manifestación general.
como trabajadores asalaria dos, a la prosecución infinita de su esfuerzo; y que cada cual sabe que es necesario someterse a éste o morir. Es la realidad de este chantaje; el hecho que el uso bajo su forma la más pobre (comer, habitar) no exista sino aprisionado en la riqueza ilusoria de la
Esta constante de la economía capitalista que es la baja tendencial del valor de uso desarrolla una nueva forma de privación al interior de la sobrevida aumentada, la cual no se encuentra por ello liberada de la antigua penuria ya que ella exige la participación de la gran mayoría de los hombres,
valor de cambio se ha identificado a todo uso posible y lo ha reducido a su arbitrio. El valor de cambio es el condotiero del valor de uso que termina conduciendo la guerra por su propia cuenta.
El valor de cambio no pudo formarse sino en tanto que agente del valor de uso, pero su victoria por sus propias armas ha creado las condiciones de su dominación autónoma. Movilizando todo uso humano y manejando el monopolio de su satisfacción, aquél ha terminado por dirigir el uso. El proceso del
mercancías, la necesidad de tal organización de esta retaguardia de trabajo.
otros empleos. El sector terciario, los servicios son el inmenso despliegue de líneas de etapas del ejercito de la distribución y del elogio de las mercancías actuales; movilización de fuerzas suplementarias que encuentra oportunamente, en la facticidad misma de las necesidades relativas a tales
conservar el trabajo como mercancía y único lugar de nacimiento de la mercancía. Para que la automatización o toda otra forma menos extrema de crecimiento de la productividad del trabajo no disminuya efectivamente el tiempo de trabajo socialmente necesario al nivel de la sociedad, es preciso crear
Con la automatización, que es a la vez el sector más avanzado de la industria moderna y el modelo en el que se resume perfectamente su práctica, es necesario que el mundo de la mercancía supere esta contradicción: la instrumentación técnica que suprime objetivamente el trabajo debe al mismo tiempo
privación. Si no hay ningún más allá de la sobrevida aumentada, ningún punto donde ella pudiera cesar su crecimiento, es porque ella misma no puede existir más allá de la privación puesto que ella es la privación enriquecida.
El espectáculo es una guerra del opio permanente para hacer aceptar la identificación de los bienes a las mercancías; y de la satisfacción a la sobrevida que aumenta según sus propias leyes. Pero si la sobrevida consumible es algo que debe aumentar siempre, es porque ella no cesa de contener la
simplemente porque la economía política puede y debe ahora dominar estas esferas en tanto que economía política. Así “la renegación consumada del hombre” ha asumido la totalidad de la existencia humana.