En lugar de nformar sobre violencia o seguridad, este tipo de páginas construyen relatos que convierten tragedias en herramientas de radicalización, debilitando la comprensión pública de los hechos y erosionando el debate informado.
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La repetición de marcos narrativos (“enemigo ideológico”, “amenaza interna”) es una técnica clásica para reforzar creencias en audiencias ya alineadas.
Este tipo de plataformas operan más como maquinaria de propaganda que como medios informativos: priorizan el impacto emocional, el sesgo ideológico y la polarización por encima de la verificación y el contexto.
El patrón es consistente: deshumanizar, simplificar y politizar eventos complejos. hechos y erosionando el debate informado.
En publicaciones anteriores la misma página utilizó calificativos como “zurda enferma mental” o “zurdo demente” para referirse a las personas asesinadas por agentes de ICE en Minnesota.
La página La Derecha Diario vuelve a explotar un hecho violento con fines políticos al señalar de “comunista” al perpetrador del tiroteo en Teotihuacán, a pesar de aún desconocerse los motivos y el perfil de la persona.
La decisión de institucionalizar este tipo de estrategias confirma algo más profundo: la lógica de la “batalla cultural” ha sido adoptada incluso por gobiernos. Ya no se trata solo de comunicar políticas, sino de disputar la realidad misma y vincularla muchas veces con fundamentos religiosos
Este fenómeno se conecta directamente con el auge de la ultraderecha global, que ha entendido mejor que nadie que la batalla política contemporánea no se libra solo en las instituciones, sino en la mente de las personas.
Pero lo más relevante es el precedente que esto sienta. Si una democracia justifica el uso de tácticas de “psyops” en plataformas abiertas, abre la puerta a que otros actores —estatales o no— hagan lo mismo, en una espiral de desinformación cada vez más sofisticada y difícil de rastrear.
Cuando un Estado recurre a estrategias de influencia masiva en redes sociales, el ciudadano deja de ser un sujeto informado para convertirse en un objetivo.
Lo que revela esta decisión es la normalización del uso de herramientas de manipulación informativa —históricamente asociadas a contextos bélicos— dentro del espacio civil digital.
Marco Rubio ordena a diplomáticos estadounidenses que utilicen la plataforma de Twitter (X) para combatir supuesta "propaganda anti estadounidense", e incluso pide que coordinen esfuerzos con unidades militares de operaciones psicológicas.
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El nuevo informe de GPAHE señala que el Proyecto 2025 se está expandiendo hacia un proyecto político global. Su ideología nacionalista cristiana está moldeando políticas que atacan los derechos LGBTQ+ y de las mujeres, mientras que la política exterior de EE.UU. ayuda a exportar estas prioridades.
Además, convertir un conflicto geopolítico en “guerra santa” eleva el riesgo de radicalización y deshumaniza al adversario. El ejército no debe ser instrumento de cruzadas ideológicas ni espirituales.
Es alarmante decirle a soldados que luchan por razones religiosas. Su deber es defender la Constitución, no cumplir profecías. Vincular la misión militar a una fe específica margina a quienes no comparten esa creencia.
Estados Unidos se fundó bajo el principio de separación Iglesia-Estado, protegido por la Primera Enmienda. Cuando oficiales presentan una guerra como mandato divino, el Estado deja de ser neutral en materia religiosa.
No se trata de expresiones privadas de fe. Son mensajes emitidos en espacios oficiales, dentro de la cadena de mando. Eso implica una mezcla directa entre autoridad militar y doctrina religiosa.
De acuerdo con los testimonios, algunos comandantes citaron el Apocalipsis y hablaron del Armagedón en sesiones informativas. Incluso habrían afirmado que Donald Trump fue “ungido por Jesús” para desencadenar estos hechos.
Más de 200 soldados denunciaron ante la Military Religious Freedom Foundation que sus superiores enmarcan la guerra contra Irán como parte de un “plan de Dios”. La información fue revelada por The Guardian.
www.theguardian.com/world/2026/m...
Haciéndose pasar por personas preocupadas por las cuestiones del país o por opositores políticos regulares aprovechan para esparcir sus miedos religiosos. Tengan cuidado a quien le compran las opiniones.
Más ejemplos de la paranoia y el victimismo del movimiento ultraconsevador mexicano que busca movilizar incautos y radicalizar personas creyentes con estas narrativas.
Los mismos que aseguran que los libros de textos enseñan brujería y vuelven “therian” a los niños ahora andan diciendo que Shakira es satánica y ataca a la religión cristiana.
Lo ocurrido no fue espontáneo. Fue una ventana de oportunidad para instalar narrativas: Estado fallido, intervención extranjera, ciudadanía armada y deslegitimación presidencial. La desinformación operó como herramienta política en medio de una crisis real
A la ola se sumó la ultra derecha estadounidense. Laura Loomer difundió el bulo de que ciudadanos de EE.UU. estaban siendo secuestrados durante el operativo. La versión fue desmentida incluso por autoridades estadounidenses.
El especialista en operaciones digitales Alberto Escorcia documentó una campaña coordinada donde participaron estos y otros actores para inflar tendencias, sembrar alarma y manipular la conversación pública con fines políticos.
La Derecha Diario México difundió que el aeropuerto de Guadalajara estaba tomado y llamó “narco presidenta” a la mandataria. También circularon imágenes falsas de un avión incendiándose en la terminal, amplificando el pánico.
Ricardo Salinas Pliego aprovechó el contexto para empujar la libre portación de armas. En sus publicaciones insinuó que el Estado no protege y que la solución es armar a la ciudadanía, reforzando una agenda que normaliza la violencia.
Días después, Verástegui insistió en que había que agradecerle a Donald Trump por el operativo, intentando insertar la idea de que el éxito no era mexicano, pasando por alto los más de 25 agentes de la Guardia Nacional que perdieron la vida.
Eduardo Verástegui pidió “activar” a las fuerzas armadas cuando el operativo ya era encabezado por el Ejército. La exigencia, en pleno enfrentamiento, exhibe ignorancia y oportunismo político ante una situación delicada.
Cuando se conoció el abatimiento de “El Mencho” y estallaron enfrentamientos en varios puntos del país, figuras del conservadurismo mexicano activaron una narrativa de crisis total. Más que informar, buscaron capitalizar el miedo y posicionar su agenda.