Las mujeres del Women of Liberia Mass Action for Peace, trabajadoras, madres y refugiadas, demostraron que una comunidad organizada y decidida puede transformar el sufrimiento y la violenc*a en justicia social y paz. Nosotras seguimos sus pasos.
Posts by ✳️Top Manta
El 17 de enero de 2006, Ellen Johnson Sirleaf fue elegida presidenta, la primera mujer al frente de un país africano. Leymah Gbowee ganó el Premio Nobel de la Paz en 2011 por sus esfuerzos no violentos y la lucha por los derechos de las mujeres.
El WLMAP llevó al parlamento una declaración para lograr la paz. Presionaron con éxito a las instituciones para participar en las negociaciones, y casi 200 mujeres bloquearon las salidas del edificio para que los líderes no se marcharan sin un acuerdo de paz. Algo que, finalmente, consiguieron.
Cada 10 de abril, más de 2.500 mujeres cristianas y musulmanas se reunían diariamente en un mercado estratégico: rezaban, bailaban, coreaban consignas y mostraban carteles con el mensaje: “Las mujeres de Liberia queremos paz ahora”. Acordaron una huelga de sex* hasta lograr el fin de la guerra.
El WLMAP comenzó a presionar a los líderes religiosos y políticos, organizando protestas, emisiones de radio y mensajes públicos. Rompieron el silencio y animaron a todas las mujeres de Liberia a levantarse por la paz.
En 2002, Leymah Gbowee, madre de cinco hijos pequeños, reunió a mujeres de su iglesia para rezar por la paz. Movilizó a cientos, y se organizaron grupos de oración, diálogos y círculos de sanación. Mujeres de las comunidades cristianas e islámicas se unieron en un único movimiento.
La guerra civil en Liberia (1989–2003) provocó más de 200.000 muertes y desplazó a 1 de cada 3 personas. Se sostenía con violaciones masivas, reclutamiento de niños soldados y saqueos. Las mujeres fueron las más afectadas. Aun y su sufrimiento y el de sus familias, lideraron la lucha por la paz.
WOMEN OF LIBERIA MASS ACTION FOR PEACE: cuando miles de mujeres lograron detener la guerra civil liberiana.
POR ESO NO DEBERÍAN EXISTIR. CERREMOS LOS CIES.
Fuente: Josep T. París - elDiario.es
Los CIEs no son centros de acogida ni de ayuda humanitaria, como pretende hacernos creer políticos y medios de comunicación, sino centros de privación de libertad para personas migradas. Un lugar donde se nos niegan múltiples derechos, además de poner en peligro nuestra salud e integridad física.
La abogada de Juan le recomendó que dejase de hablar con periodistas y voluntarios para evitar más problemas. Desde entonces, se ha perdido su pista y no se sabe qué ha pasado con él.
Luego, la policía lo llevó a una sala y lo cacheó, argumentando que -supuestamente- los voluntarios le habían pasado dr*gas. Los agentes le mostraron su propia denuncia, donde ahora aparecía una frase que él no había escrito: “El interno no quiere seguir con el trámite…”.
Juan firmó por miedo.
Juan decidió presentar una queja formal (PQ) y depositarla en el buzón del director del centro, esperando que su denuncia llegase a la justicia.
Pero eso no llegó a pasar nunca.
Unos días después, unos voluntarios pasaron a verlo.
Después de 10 días internado, mientras hacía gimnasia en el patio, estalló una disputa entre otros internos. Cuando apareció la policía, un agente lo golpeó fuertemente con la porra en el tórax y la espalda, dejándolo con un hematoma importante.
Juan llevaba viviendo en Barcelona 11 años y había trabajado en diversos oficios cuando fue internado en un CIE por no tener la documentación en regla, sin haber cometido ningún delito.
EL CIE DESDE DENTRO III: JUAN, REPRESIÓN Y VIOLENCIA ANTE LA VERDAD.
POR ESO NO DEBERÍAN EXISTIR. CERREMOS LOS CIES.
Fuente: Josep T. París - elDiario.es
Los CIEs no son centros de acogida ni de ayuda humanitaria, como pretende hacernos creer los políticos y medios de comunicación, sino centros de privación de libertad para personas migradas, donde se nos niegan múltiples derechos, además de poner en peligro nuestra salud e integridad física.
Su situación administrativa, aun así, sigue siendo irregular, como la de miles de personas que viven, trabajan y tienen vínculos familiares en el Estado español.
Salma lo visitaba cada semana, haciendo trayectos largos y agotadores, con el miedo constante de no volver a verlo. Después de 40 días internado, Jalal fue liberado y se pudo reencontrar con su madre.
Jalal fue internado en un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), donde sufrió angustia, miedo y situaciones de discriminación y violencia. Además, la incertidumbre sobre una posible expulsión afectó gravemente su salud emocional.
Su hijo Jalal llegó a Cataluña con 13 años, donde ha crecido durante casi 20 años. A pesar del arraigo familiar y social, una identificación policial acabó con su detención por no tener los papeles en regla a los 32 años.
Salma emigró al Estado español hace décadas para trabajar y garantizar un futuro mejor para su hijo, al que dejó en su país de origen. Durante años estuvo trabajando, sobre todo en los cuidados, pero los imposibles requisitos administrativos le impidieron mantener una situación regular estable.
EL CIE DESDE DENTRO II: SALMA Y JALAL, VIVIR BAJO LA AMENAZA CONSTANTE DE EXPULSIÓN.
... El día de la expulsión, Marta sufría una menstruación muy abundante y cólicos intensos: aun así, pasó diez horas esposada, solo podía ir al lavabo escoltada por una agente y finalmente acabó manchada de sangre.
... La policía omitió la obligación de avisar con un mínimo de 24 horas de antelación y la sacaron de la celda de forma abrupta, sin darle la oportunidad de pedir asilo ni de consultar con su abogado....
Durante el proceso de deportación de Marta, se cometieron graves vulneraciones de los derechos humanos:
La expulsaron después de 23 años de arraigo en el país, donde había construido su vida...
En abril de 2025 Marta fue deportada a Colombia sin poder avisar a sus tres hijos, a su hermano o a su madre, que siguen en el Estado español.
La Ley de Extranjería obliga a esperar 2 años en situación irregular antes de poder solicitar los papeles. Un tiempo en el que no se puede trabajar “legalmente” ni acceder a derechos básicos, y que aboca a la precariedad y al riesgo constante de expulsión. Pero esta espera no garantiza nada.