Rehabilitación y recetas para combatir la disfagia
Y sabe bien de lo que habla, porque, endocrinóloga de formación, fue ella quien puso en marcha la Unidad de Disfagia en dicho centro. De hecho, el Príncipe de Asturias es pionero en su abordaje multidisciplinar, ya que ha conseguido integrar la atención de cuatro servicios del hospital: el de Otorrinolaringología (para su diagnóstico instrumental), Rehabilitación y Logopedia (para la terapia activa y los ejercicios), Endocrinología y Nutrición (que vela por el estado nutricional y la suplementación) e incluso la Cocina Hospitalaria, para la adaptación de texturas y dietas de transición. Su experiencia aporta esperanza a los afectados, a tenor de los resultados obtenidos. Porque, como asegura Lola Valverde, la jefa del Servicio de Rehabilitación del hospital, «es posible recuperar la funcionalidad, aunque el pronóstico y el grado de éxito dependen en gran medida del origen de la disfagia, y de otros factores del propio paciente como su implicación con las medidas de rehabilitación». Cuenta que en aquellos que han sufrido lesiones neurológicas agudas pero estáticas, como un ictus o un traumatismo craneoencefálico, existe un alto potencial de recuperación gracias a la neuroplasticidad, un mecanismo mediante el cual la corteza cerebral se reorganiza para reasumir el control de la deglución con la ayuda de rehabilitación intensiva. Por el contrario, en patologías progresivas o neurodegenerativas (como párkinson, ELA o demencias avanzadas), el objetivo no suele ser la curación definitiva, sino ralentizar o retrasar el deterioro, compensar los síntomas y prolongar la posibilidad de una alimentación oral segura durante el mayor tiempo posible. «En general tienen buen pronóstico las disfagias debidas a fragilidad o sarcopenia (pérdida de la masa o fuera muscular) con un entrenamiento adecuado y un abordaje precoz de la desnutrición», asegura. La propia alimentación es una de las herramientas de la rehabilitación de la disfagia orofaringea. «Trabajamos para conseguir una deglución eficaz y segura. El trabajo coordinado asegura que el paciente reciba una dieta que evite la aspiración y que cubra sus requerimientos nutricionales, mejorando la calidad de vida percibida», explica Álvarez. A esta ecuación, además, le añaden otro adjetivo que se ha vuelto fundamental: que la comida sea palatable. Y para lograrlo involucraron a los profesionales del Servicio de Cocina Hospitalaria. «En la mayoría de los hospitales, los pacientes con disfagia toman distintos tipos de triturados. Esto suele ser una alimentación monótona, que desincentiva la ingesta habitual y puede poner en riesgo su estado nutricional», explica la endocrina. Por eso se les ocurrió que la implicación de los profesionales de cocina era relevante, explicarles el problema e implicarles en la solución, para poder ofrecer a sus pacientes una alimentación segura y eficaz con variedad de alimentos preparados según los descriptores de la International Dysphagia Diet Standardisation Initiative. Prueba de su éxito son las dos guías (de descarga gratuita) elaboradas por el grupo de disfagia del Príncipe de Asturias en las que se incluyen 58 recetas elaboradas por su servicio de cocina y que se gestó con la idea de que los pacientes puedan elaborar estas recetas en sus casas y para poder consumidas no solo por personas con disfagia, sino por cualquier persona independientemente si tiene, o no, problemas deglutorios. Gracias a esta colaboración «se ha logrado que pacientes que ya sólo comían dieta triturada puedan llegar a consumir otros tipos de platos en los que aparecen diferentes texturas, diferentes colores, haciendo su ingesta mucho más apetecible y logrando que puedan seguir socializando con la comida y no se queden aislados por no poder compartir momentos placenteros con sus seres queridos», cuenta Julián Fernández Macías, jefe de Cocina del hospital. El cocinero da con la clave: «Creo que está en conseguir mantener el placer de comer, que ese momento siga siendo de disfrute para la persona y que esto no suponga un motivo de aislamiento social». Así lo corrobora Ángel, al que diagnosticaron un cáncer de cabeza y cuello a consecuencia del cual padece disfagia. Para él, uno de los principales problemas es que le coharta su vida social: «No puedo ir a cenar por ahí con mi mujer. Como de todo, pero todo tiene que estar triturado. No puedo comer sólido, lo único que puedo tomar es verdura bien cocida», lamenta. Aún así su evolución está siendo muy positiva y es un ejemplo de cómo este tipo de intervención multidisciplinar funciona. De hecho, «gracias a la rehabilitación he pasado de la sonda a la dieta de fácil deglución», confirma él mismo. Otro ejemplo es tragar con esfuerzo adicional para mejor el movimiento de la lengua o mantener la respiración antes y mientras se traga. Y la estimulación sensorial y neuromodulación, usando sabores ácidos, temperaturas muy frías o líquidos carbonatados se alerta al sistema nervioso, provocando contracciones musculares más intensas y acelerando el inicio del reflejo deglutorio. También, con estimulación eléctrica neuromuscular superficial sobre estructuras de la garganta. En cualquier caso, continúa, la primera medida es, siempre que sea posible, mantener la nutrición por la vía oral a fin de evitar la atrofia y debilidad por el desuso. Para ello existen medidas que se pueden aplicar a la mayoría de los pacientes como las modificaciones dietéticas: «Consiste en adaptar la viscosidad y la textura de los alimentos sólidos, para compensar la debilidad muscular. Los líquidos suelen requerir espesantes (hasta alcanzar texturas de néctar, miel o pudding) para ralentizar su tránsito e impedir su paso a la vía aérea. Para los sólidos, se recomiendan consistencias suaves, de muy fácil masticación o en puré homogéneo, eliminando partes duras, hebras que representen riesgo de atragantamiento. También aconseja reducir el tamaño del bocado. Sin embargo, debe monitorizarse porque no todos los enfermos necesitan las mismas recomendaciones», enumera la experta. También comer despacio, siempre sentado y manteniendo la cabeza recta, evitando distracciones. Usar la prótesis dental (si se tiene); o hacer ajustes posturales de la cabeza y el cuello (pues cambiar la posición de la cabeza y el cuello redirige el bolo alimenticio y protege la vía aérea). «Por ejemplo: llevar la barbilla hacia el pecho puede ayudar a cerrar la entrada de la vía aérea, reduciendo el riesgo de aspiración. Y en pacientes con debilidad unilateral de los músculos de la faringe (por ejemplo, tras un ictus), girar la cabeza hacia el lado afectado dirige el bolo por el lado sano y funcional, utilizando la gravedad», apunta. Una rigurosa limpieza bucal reduce, además, la carga bacteriana en la saliva y la incidencia de neumonía. Por contra, hay situaciones que elevan el riesgo de atragantamiento y el paso de comida a los pulmones: «Tragar con la cabeza inclinada hacia atrás o comer tumbado está totalmente desaconsejado, salvo en casos excepcionales», advierte Valverde. Y mucho cuidado con alimentos con texturas peligrosas: «Una sopa con fideos o cereales con leche pueden suponer un gran riesgo, así como alimentos pegajosos (caramelos, leche condensada), muy fibrosos (piña, apio), que se desmenuzan fácilmente (galletas, frutos secos), o frutas que desprenden mucho líquido al morderse (naranja, melón). Los líquidos muy finos (como el agua pura) fluyen demasiado rápido y originan la mayoría de las aspiraciones (entrada en los pulmones) en pacientes neurológicos», continúa. También hablar, reír o llorar mientras se tiene comida en la boca se considera un comportamiento de riesgo, ingerir alimentos cuando se está fatigado, somnoliento o en un entorno con muchas distracciones y algunos fármacos, que deterioran la deglución. Evitarlas todas ellas reduce los atragantamientos.