Hay un artista australiano que se mira a sí mismo durmiendo y trabaja como Geppetto.
Alguien que pasó de mover marionetas en programas infantiles a ser uno de los artistas más famosos del mundo. Y todo gracias a su suegra.
Te presento la obra de Ron Mueck.
HILO🧵
Posts by Hola, soy Dan ★
Dicen que entrar es como pasar un rito de iniciación. Una institución cultural en donde nadie te juzga mientras estás inmerso en la expresión libre y el exceso bajo control.
Pero para eso, hay que atravesar una difícil puerta.
Ven, te voy a mostrar como es Berghain por dentro.
Abro hilo.
Hacía la migración para entrar de nuevo en Alemania. Sacudido y extasiado, no dejaba de ver hipnotizado a la mole intimidante que termino por purificar mi percepción propia.
Tomé la una fotografía y solo pude pensar en una sola persona: Alejo Arango.
Eran las 4:30 pm.
Catorce horas.
Si hay algo al cruzar la frontera de Berghain y entrar en su estado de excepción es la derrota del ego. La renuncia al afán de registrar todo y permitirse estar en comunión consigo mismo.
Es un ensimismamiento nazareno de pertenecer a tu cuerpo y absorber todo alrededor.
En particular ver que el sujeto con el cual había tenido sexo minutos (u horas, no sé) estaba ahi sentado departiendo en la plena naturalidad. Esa extrañeza de ver como una persona puede flexionar su identidad entre dos escenarios y ser en sí, una misma.
Yorgos me avisa que habían dejado una “terraza” abierta. Luego de cruzar una puerta, me encontraba con una frágil naturaleza casi agónica ante el inminente otoño, una luz blanca que inundaba todo y una veintena de cuerpos semidesnudos -entre esos, yo- dialogando entre sí.
El deleite del anonimato me hizo acabar en un cuarto oscuro teniendo sexo por puro impulso natural.
El lugar se unge una neutralidad donde no es necesario tener sexo o estar desnudo, pero nadie te va a juzgar por hacerlo.
Esta experiencia la cuento con más detalle aquí: www.onlyfans.com/dangamboab
Porque Berghain se comporta así mismo como un microestado. Sonará raro decirlo, pero diseccionado es un pequeño territorio, con su paso fronterizo, sus leyes no escritas, su anarquía organizada y su propio huso horario.
Si es que dentro se pueden contar las horas, claro.
En algún momento, amaneció. Un baño de luz se filtraba por uno de los rincones para fumadores.
Me asomé por una de las ventanas y me sentía viendo la frontera desde mi casa en Cúcuta, cuando miraba las luces del vecino país en la distancia. Tan cerca y a la vez, tan distante.
No se si pueda explicarlo, pero una vez renuncias a verte en un espejo o a tomarte una selfie, renuncias a toda percepción sobre tí: no te importa tu apariencia.
Al mismo tiempo, absorbes absolutamente todo detalle de lo que sucede alrededor mientras actúas sin prejuicios.
Te enfrentas a esa crudeza brutalista. Un sujeto pidiendo cn perfectos modales que le meara un americano, a mi lado accediendo a entre los dos le ayudáramos bajo la aprobación de su novia.
Creo que nos comportamos así porque nuestra autopercepción es distinta.
Si es para crear cine, los baños son una narrativa propia. No hay espejos. No hay vanidad. No hay absolutamente nada que pueda distraerte. Hay reglas no escritas sobre el consumo de alucinógenos, donde nadie lo hace a la vista por respeto a la misma institución quizá.
Alrededor, hay diversos espacios hechos para mantenerte dentro. Una cafetería, un cuatro oscuro, una sala de fumadores, … la luz era protagonista. Los colores bañaban los cuerpos, como si estuviera sumergido en una película.
Berghain es cinematográfico.
Sus “habitantes” deambulan en la anarquía bajo control. Aquí no hay conatos, no hay nada roto. Es un espacio tan propio, tan libre de fricciones.
Con cada set, los acentos a mi alrededor cambiaban y de la misma forma, los personajes y sus indumentarias, si es que habían.
Si Berghain es una catedral, el DJ es su sacerdote y la mezcla, su sermón. Mi relación con el techno era apenas anecdótica —Left Bank, BAUM—, así que no tenía nada que perder salvo entregarme al camino sonoro que el DJ trazaba, por cuantas horas quería.
Era notable como existía una ejecución ideal de las luces con el sonido que creaban diversos espacios en la superficie y donde todos los que estábamos ahí, imbuidos en un máximo respeto al espacio personal. Podías estar como se te diera la gana, nadie te iba a juzgar.
Cuando se sube a la pista entras en un espacio donde la comunión de luz y sonido es perfecta. Nada suena fuerte o bajo. No es enorme, ni es una ratonera. Es un balance perfecto.
Es la culminación de la exploración espacial que Iannis Xenakis planteó.
www.dangamboa.com/blog/6zcnmyp...
La entrada a Berghain se desdobla en dos momentos: una sala hipóstila brutalista y una escalera como antesala a la “la catedral del techno”.
En el sofá, una pareja tenía sexo completamente desnudos y al lado, un chico indiferente bebía agua.
Entendía que Berghain no es un territorio común.
¿Un grupo de jovenes? Fuera. ¿Dos chicas con alitas de angeles? Fuera.
Llegamos juntos a la entrada, siete minutos después. Estoico, no hice contacto visual con el portero mientras solo odia un “zwei”. Eso fue todo: bienvenido a Berghain.
Me sentía cruzando una frontera.
Era una madrugada de septiembre. 2:33 am. Al frente, un coloso -intimidante o atractivo- con una fila oscura esperando entrar. A mi lado Yorgos, un viejo amigo.
— “Si no te sientes cómodo, nos podemos ir cuando quieras”
En eso veía como uno a uno los de la fila eran rechazados.
Dicen que entrar es como pasar un rito de iniciación. Una institución cultural en donde nadie te juzga mientras estás inmerso en la expresión libre y el exceso bajo control.
Pero para eso, hay que atravesar una difícil puerta.
Ven, te voy a mostrar como es Berghain por dentro.
Abro hilo.
Eran las 2:33 am del 24 de septiembre en Berlin, mientras hacía la fila para poder entrar en Berghain.
Esta es mi experiencia tras 14 horas dentro de la catedral del techno. Invitados a leer mi crónica de viaje:
www.dangamboa.com/blog/bienven...
Es el Fyre Festival de Málaga
Mizdahkhan no es solo un cementerio: es un archivo de piedra de más de dos mil años. Entre ruinas, tumbas y leyendas, guarda la memoria de ciudades perdidas, conquistadores y peregrinos.
Nuestra existencia -al parecer- depende de un lejano cementerio en medio del Karakalpastán.
Es por eso que los visitantes van y dejan un ladrillo sobre otro, para asegurarse que el mundo siga girando.
Un lugar que resiste a la arena y al tiempo.
El mausoleo conserva muros de ladrillo que parecen resistir el paso del tiempo. La gente cree que remover un ladrillo trae mala suerte. Cada pieza se ha transformado en un talismán colectivo: si se llegase a desmoronar y no queda ladrillo en pie, el mundo se acabaría.
Pero el más importante es el llamado mausoleo de Adán. Según la tradición, allí descansaría el primer hombre.
Si bien la tumba de Eva fue sellada con hormigon en Arabia Saudita, su contraparte yace aquí, siendo el centro de peregrinación para locales y visitantes.
A la distancia su mayor rasgo son las cúpulas de los mausoleos. Entre ellos se destaca el de Shamun Nabi, un filósofo sufí del siglo XVIII venerado en la región. Sus restos, junto con los de otros personajes ilustres, mantienen vivo el carácter religioso y sagrado del lugar.
Para sepultar alguien acá se usan escaleras de siete peldaños para descender los cuerpos hasta la fosa. Después de esto se abandonan, pues la tradición dicta que serían el camino para que los espíritus ascendieran al más allá.
Por eso hay cientos.
Detállenlas en las fotos.