La tensión del coleccionismo
Un amigo mío, Borja Contreras, me dijo el otro día que jugar a rol eran tres aficiones: jugar a rol, leer rol y coleccionar rol (mi amigo Carlos Martín añadió escribir partidas de rol). Cualquiera que se dedique a esto sabe que el coleccionismo y, además, el completismo, juegan un papel muy importante en la afición. El hecho de querer tenerlo todo, de ir completando todas las expansiones y módulos que salen de los juegos que tienes, es parte del proyecto rolero. Todo esto aumentado (o enfatizado) por el hecho de que las editoriales de rol son editoriales de nicho y no tienen un fondo estable, si no que se dedican a trabajar aquellos productos que tienen salida y descatalogan rápidamente lo que no funciona o no se vende tan bien. Por lo que a la hora de ir haciendo una colección de rol no pasa como con una colección filosófica, que puedes ir poco a poco completando aquello que te falta sin miedo a que cuando vayas a buscar _Las leyes_ de Platón las hayan descatalogado. Además, si eso sucediera, encontrarías un enorme mercado de segunda mano bien surtido y adaptable a todos los bolsillos. En el rol esto no sucede. Hay libros que, literalmente, desaparecen y solo se encuentran en las estanterías de aquellos audaces que decidieron comprarlos.
Entonces el rol entra en contacto con esa zona de obsesividad neurótica que nos apremia a buscar, a revisar páginas web, a comprar rápido y a estar pendientes de los _stocks_. El rol, siendo una posibilidad del subsuelo contracultural es, a la vez, una dinámica plenamente insertada en las leyes del capitalismo más salvaje. Y nuestros complejos psíquicos ligados al capitalismo se activan radicalmente y con fuerza.
Por eso mismo, como con toda obsesividad producida por el sistema económico y la ideología, se nos presenta una posibilidad de resistencia. Hacer frente a esas dinámicas y estar dispuestos a las carencias, a los vacíos y a los fondos incompletos. Ya que de la misma manera que nuestra identidad, para no caer en el inmovilismo, necesita de los espacios vacíos en los que puede moverse, avanzar y cambiar, nuestra colección de rol también necesita de esas ausencias y de esos fracasos de coleccionista. Solo así nuestra psique puede respirar y tener tiempo para preparar partidas, jugar, reflexionar y leer. Nunca llegamos tarde si estamos leyendo y jugando, lo que pasa es que el capital fluye constantemente y nosotros no podemos estar a su merced. Ya que el capital económico es capaz de colonizar nuestro capital simbólico y psíquico.
El deseo y el capitalismo se llevan muy bien. Podemos entender el capitalismo como una psique desmedida cuya libido es el capital que se mueve de un lado a otro por impulsos irracionales. La cuestión es que deseo y psique también se llevan muy bien, y nuestra psique es el bastión de resistencia ante el intento de convertirla en algo completamente fijo (lo que trata de hacer el reaccionario) o en algo completamente móvil (lo que trata de hacer el mercader). Por lo que el deseo debe estar ahí pero debemos proteger siempre una buena reserva de deseo no cumplido que nos hace avanzar, movernos y nos da fuerzas para explorar el mundo. Para decirlo con Deleuze, el deseo nos ayuda a desterritorializarnos, pero si nos pasamos entonces simplemente estamos a merced de impulsos caóticos que nos arrastran allí donde quieren y nos disgregamos y deshacemos.
Lo psíquico necesita de la dinámica de sostener el deseo para lograr sostenerse a sí misma y no derrumbarse en una fuga hacia ninguna parte que la agotaría y, en consecuencia, agotaría toda posibilidad de resistencia. Resistir viene a ser atreverse a sostener lo insostenible ante los embates de lo real. Ni la huida del eremita ni la integración del hombre masa. Encontrar un punto medio que me permita estar quieto en retirada. En el flujo de un continuo todavía-no que crea un vacío que pide ser sostenido. La existencia se pone en riesgo en la renuncia de absoluto y en la búsqueda de un silencio lleno de ausencia, en la que el individuo se hace presente desde la tensión de la resistencia.
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