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Rocky Babies

Sweep the Pod, Johnny! Episode 8 is live!

We're covering Episode 8, where Cobra Kai visits the junkyard, Daniel runs from his family to do handstands in the woods, and Hawk might have rabies.

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#KarateKid #CobraKai #Podcasts #MartialArts

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Cobra Kai (Netflix, 2018-2025) ## Cobra Kai (Netflix, 2018-2025) Por Carlos Jenal | Deja tu comentario » **Abusones never die** A veces veo a dirigentes de VOX en los medios. Y mi reacción es ambivalente. Porque aun sabiendo qué son, qué representan, a donde nos quieren llevar y lo que hay detrás de ellos, siempre me queda ese puntito Grandeza-De-La-Democracia, todos tienen derecho a estar ahí, a votar y ser votados, aunque a mi no me gusten. En cambio, si veo a los antiguos abusones y matones de mi instituto, mi reacción es químicamente pura: al ГУЛАГ de cabeza. Coletas de los cojones, en qué perdiste tu tiempo de vicepresidente, métete las putas series por el culo, dónde está el puto Gulag que se me prometió desde toda la prensa respetable y moderada, quiero YA un Campo de Reeducación bien guapo para que la gente cuyas opiniones políticas no han hecho más que empeorar desde que tenían 16 años esté picando piedra hasta que los Monegros sean un vergel, mientras sienten en la nuca el aliento de la comisaria política más racializada, transgénero, lesbiana, ateo-masona y culé que Delcy Rodríguez pueda producir en su laboratorio genético secreto del Orinoco. Y añado que ni siquiera estoy seguro de que los cabronazos abusones de mi instituto ahora voten todos a VOX (aunque francamente: todo lo que sea bajar de dos tercios me sorprendería.) “Muy bonito. Nos has pillado. Y ahora danos el bocata, pazguato.” Con todo esto, es natural que viese esta serie con escepticismo, pues se trata de un intento de rehabilitar a uno de los abusones adolescentes más icónico de los años 80, o al menos presentarlo como _oye, pues igual no era tan malo, sus razones tendría, hay que conocerlo todo y andar una milla en las zapatillas del otro_. El abusón en concreto es Johnny Lawrence, aunque creo que todos lo conocemos como “el rubio de Kárate Kid”. Kárate Kid fue una peli para adolescentes de 1984, que contaba la historia de un pobre chaval italoamericano de clase trabajadora (Daniel Larusso, también conocido como “el chico de Kárate Kid”) que se muda de Nueva Jersey a California, donde sufre _bullying_ por parte del malo (Johnny Lawrence, “el rubio”) y de sus amigos, una pandilla de abusones que hacían kárate en el gimnasio Cobra Kai. Pero Larusso se hace amigo del señor Miyagi, un inmigrante japonés que trabaja de conserje, que le enseña kárate, pero del bueno, y así, con tesón, esfuerzo, y un sabio guía, Larusso logra ganar el gran torneo de kárate, darles una paliza a todos los serpientos de Cobra Kai pese a las trampas de estos, y encima levantarle la novia al rubio. Por alguna razón, esta historia tan normalita lo petó por todo lo alto, con varias secuelas y _spin-offs_ , y finalmente (en línea con la cultura popular de los últimos 25 años, que consiste en precuelear y secuelear la cultura popular de los 25 anteriores) como colofón llegó esta serie, rescatando a los protagonistas originales y a los actores que los encarnaban, 34 años después de la película. **Temporada 1: el bueno de Lawrence** En las subsiguientes tres décadas y medio, la vida les ha ido muy desigual a los dos antagonistas. Lawrence es un fracasado, Larusso un triunfador. Lawrence está divorciado, Larusso felizmente casado con una señora cañón interpretada por una actriz 17 años más joven. Lawrence tiene una relación horrible con su hijo proto-criminal, Larusso tiene dos hijos dignos del HOLA (aunque el pequeño solo se interesa por dulces y videojuegos, y la mayor tiene un pavo que no puede con él). Lawrence trabaja de manitas haciendo chapuzas, Larusso es dueño de una cadena de concesionarios de coches. Lawrence vive en un apartamento destartalado, Larusso en una mansión. Lawrence conduce el mismo coche desde los años 90, Larusso siempre va con el último modelo (y porque esto es Estados Unidos y los guionistas no pueden meter a Lawrence en el Metro en hora punta, que eso sería pasarse). Lawrence desprecia a los inmigrantes y seguro que votó a Trump (si es que estaba sobrio ese día), Larusso es hijo de inmigrantes, se rodea de unos primos casi cómicamente italoamericanos, y seguramente votó como un reloj por Clinton, Biden, y Kamala Harris. Es la filosofía de los Cobra Kai, podría ser el lema de campaña del partido republicano, y sin duda lo llevan tatuado en el corazón todos los abusones del mundo. El caso es que Lawrence rememora una y otra vez la final del Campeonato de Kárate donde Larusso le ganó, en plan “allí se desvió mi vida, y todo porque Larusso me dio una patada antireglamentaria”. Sí, bueno, en semifinales tu compa intentó incapacitar a Larusso con golpes tipificados en el Código Penal y potencialmente lesivos a la rodilla, pero lo que importa es lo tuyo, claro. Así que Lawrence decide que va a abrir un _dojo_ de Cobra Kai, para demostrarse a si mismo no se sabe muy bien qué. Su primer estudiante, un hispano llamado Miguel Díaz, se apunta porque, cual Larusso 34 años antes, sufre _bullying_ por parte de la pandilla de matones, que en esta generación está dirigida por un asiático-americano (aunque luego esa trama se cierra en seguida y nos queda solo el enfrentamiento serpientes vs miyaguistas). Que alguien quiera aprender a dar hostias para no recibirlas es perfectamente normal, lo que ya no es normal sino un síntoma de todo lo Boomer es que Lawrence le suelte un discurso “yo te voy a enseñar a defenderte de los abusones, porque tu generación no tiene ni media hostia ni huevos ni nada, todo el día con el puto _wokeness_ de los cojones, que os han cambiado la sangre por horchata”. HABER, Lawrence: que en las pelis originales el abusón eras TU. Que al siguiente episodio vas a pintarle a Larusso una polla enorme en la cara en el cartel publicitario de su concesionario ante el que pasa toda la ciudad cada día. Que te criaste en un hogar de tres plantas con cuatro coches en el garaje. Que tienes graves problemas con el alcohol (que no es un reproche sino algo para lo que debemos pedir ayuda sin avergonzarnos porque nos puede pasar a todos, pero que luego con el pedo y sin necesidad cojas el coche para correr por las calles poniendo en peligro a los demás ya sí es para darte con la mano abierta). Que desayunas cerveza de ayer y lonchas de jamón york refritas en el mismo aceite de la semana pasada, y cenas pizza con cóctel de refresco y licor. Que no eres ni capaz de retener tu curro porque se te va la bocachancla con los clientes. Que solo tienes pasta para el _dojo_ porque tu padrastro te la ha regalado. ¿Y tú vas a dar lecciones de vida a las nuevas generaciones? Claro que sí, _mostruo_ , crack, genio, figura, maestro místico de Shangri-La. Se supone que tenemos que ver a Lawrence, que vive poco menos que en la inmundicia, como la pobre víctima, pero la serie no nos lo pone fácil, poniendo en su boca una y otra vez frases que se comentan solas: “ _A las pavas les mola que las trates como mierda, así conseguí a mi novia del insti_ ” (novia que te dejó por el soseras de Larusso en cuanto pudo); “ _en Cobra Kai no hay chicas_ ” (pero si tienes pasta te dejo); “ _¿Qué te dicen cosas feas? No seas llorica, tu preocúpate de que no te peguen_ ” (¿pero entonces porqué le echas la culpa de tu vida fallada a tu padrastro, si nunca te pegó y lo único que hizo fue decirte cosas feas mientras invertía pasta sin fin en ti?), “ _¿bullying cibernético? Vaya mierdas, en mis tiempos teníamos honor e íbamos de cara_ ” (qué honor ni que niño muerto, Johnny, si os enmascarabais de esqueletos e ibais cinco contra uno). Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Que eras un puto abusón y los abusones no tienen honor, coño, que eres pura cultura _Boomer_ idealizando algo que nunca existió para sentirte bien contigo mismo y justificar tus abusos. Buscando ponerle matices a todo, la serie intenta darle a Larusso algún toque malillo, maquinando en secreto para que le suban el alquiler a Lawrence. Tampoco hacía falta, eh: si vieron “Kárate Kid II”, recordarán que a los seis meses su victoria ya se le había subido a la cabeza, y la novia que le había levantado a Lawrence ya le había dejado por un futbolista. Pero parece que tras estos excesos adolescentes se volvió mayormente buena persona, y si tiene un fallo acaba pidiendo perdón y arreglándolo. E igual que Lawrence, él también empieza a enseñarle karate a un alumno, Robby Keene, que además trabaja en su concesionario. Lo que no sabe es que Robby es el hijo de Lawrence, que se metió a trabajar para Larusso solo como forma de picar a su padre. La primera temporada concluye con un nuevo Campeonato de Karate, el alumno/hijo (“alumnijo”) karateka de Lawrence contra el alumnijo karateka de Larusso. Y esta vez gana Cobra Kai, a costa de jugar sucio y de acciones antideportivas. Pero a diferencia de la película original, donde estas cosas las ordenaba el sensei de Cobra Kai, John Kreese, la serie nos muestra a Lawrence sorprendido y disgustado, con cara de _¿cómo es posible que mi sana filosofía de “pega primero y sin piedad” y mi práctica de putear y poner motes ofensivos haya convertido a unos chavales tan sanotes en unos putos psicópatas?_ Ya ves tu: aunque lo dijera el sensei, en realidad nacía de la propia filosofía Cobra Kai. Y aunque Lawrence gana, ve que su hijo ahora considera a Larusso como su verdadero padre. Vamos, que en realidad ha perdido. _You are the baddie_. Diez episodios para darte cuenta, figura. ¿Cómo es posible que nuestro sano mensaje de “Un Volk, Una Constitución y Un König” haya acabado catapultando a la ultraderecha? Es que no me lo explico. **Temporada 2: el retorno de los ÜberMaestros** Para la segunda temporada, justo cuando Lawrence está con su crisis de fe, retorna John Kreese, el maestro original de Cobra Kai. El maestro Miyagi no, porque Pat Morita murió en 2005 (como curiosidad, ambos actores se hicieron bastante amigos tras la película), pero al menos rescatamos su gimnasio, con la famosa verja del “dar cera, pulir cera”. Kreese se había ido por unos escandalillos nunca aclarados y estuvo desaparecido 30 años, que al parecer pasó en el ejército entrenando a comandos en la guerra sucia, eliminando a Noriega, y otras cosillas poco edificantes (o eso cuenta para hacerse el interesante, parece que mayormente ha vivido debajo de un puente). Lawrence en principio le dice a Kreese que se vaya ATPC, que ya le ha jodido bastante la vida, pero Kreese hábilmente se mete en su cabeza ofreciéndole esa validación paterna que nunca tuvo, y ale, ya le tenemos metido en el dojo, envenenando a las jóvenes e inocentes mentes que vienen a aprender kárate. “Rubio de Kárate Kid – yo soy tu padre.” Al mismo tiempo, Larusso reabre el dojo de Miyagi y empieza a entrenar a su propia escuela, para “acabar con Cobra Kai”, o al menos servir de contrapunto luminoso. El resultado es… cuestionable. Verán: lo de ver el mundo en dualidades no es privativo de los occidentales, los asiáticos también lo hacen. Pero donde Occidente es de dividir el mundo en Bien/Mal, Oriente es de hacerlo en Yin/Yang. El Yin y el Yang son opuestos conectados, como invierno-verano, masculino-femenino, activo-pasivo, pero sin la valoración moral que damos en Occidente a todo, mirando si es bueno o malo. Muchos asiáticos estarían de acuerdo con la afirmación “lo contrario de una gran verdad es otra gran verdad”. Y en todo Ying hay Yang, y en todo Yang hay Ying. Ying Yang toma Lacasitos, representación gráfica. La película original era claramente “occidental”: había un bueno, Larusso, y unos malos, todos los de Cobra Kai, y finalmente el bueno ganaba a los malos. La serie en cambio de repente pretende ser sutilmente “oriental”, es decir: presentar a Cobra Kai y Miyagi-Do como complementos necesarios para alcanzar el equilibrio, y por eso Lawrence empieza a evolucionar a posiciones más “woke” (como por ejemplo darse cuenta que los “morenitos” no son todos iguales, ¡algunos morenitos son mexicanos y otros ecuatorianos!; sería bonito que lo hiciera por convencimiento, pero a partir de cierto punto se nota demasiado que es una especie de rebelión adolescente contra Kreese) y a cuestionarse sus posiciones. Pero, lo dicho: nos lo ponen bien difícil, porque Cobra Kai es una escuela de abusones, es algo que está en su ADN. Por eso cuando Lawrence les regaña tras el torneo por haber usado trampas y ataques rastreros, sus alumnos se miran entre ellos más extrañados que unos delegados a un congreso del PP en el que el secretario general estuviera diciendo que “ _nunca vamos a inflar a medios afines con dinero público, ni vamos a sacrificar a generaciones enteras solo para ganar a los jubilados, ni vamos a ir a tertulias donde se cuestione la legitimidad de nuestro sistema democrático o la limpieza de las elecciones solo para arañar los votos de cuatro pirados, ni vamos a premiar circunscripciones pequeñas y rurales en el reparto de escaños, porque nosotros somos el PP y seremos duros, pero tenemos honor_ ”. “Y se acabaron las patadas a la rodilla. Bueno, Isabel, tú puedes seguir haciéndolas porque Madrid no lo podemos perder, pero no las uses con nadie más, jajaja.” Al mismo tiempo, los intentos de Larusso de montar esa escuela de “kárate bueno” al principio fracasan, pues, aunque ofrece clases gratis, estas consisten en -ya lo adivinan- “dar cera, pulir cera”. Frente a eso, Cobra Kai tiene unos kimonos negros chulísimos, muchos grititos y camisetas gratis. Puro show _made in América_ , y como nos esperamos todos, eso vende (vendería igual en España, pero los useños son lo bastante sinceros para mostrarlo). Y por supuesto “verdadero kárate americano como un puño _in your face_ ”. Porque el kárate como todo el mundo sabe nació en el _Midwest_ (la serie contrapone a esto unas críticas _woke_ a Larusso por “apropiación cultural”, en plan “los dos tienen su cosa criticable” pero la verdad, no hay por donde cogerlo: Manuela Carmena tendrá sus cosillas, pero si hablamos de Carmena vs Hitler sus cosillas no importan, así de claro). A lo largo de la temporada, el nivel de matonismo de Cobra Kai hace que buena parte de sus alumnos/candidatos acaben en Miyagi-Do. Lo cual vuelve a negar uno de los supuestos “motivos-hay-que-andar-en-sus-zapatos” de Lawrence: que Cobra Kai constituye un refugio para que los pringados y descastados aprendan a defenderse. ¡Si están creando pringados y descastados a un ritmo muy superior al que logran redimirlos, cual Göring perdiendo pilotos y aviones más deprisa de lo que Milch/Speer pueden fabricarlos! Ídem con el rollo militar de Kreese, ya saben, todo ese discursito de “ _sí, defenderse está bien, pero a veces en la vida hay que tener cojones y ser un poquito hijoputa, con piedad, bonsáis y florecitas no vamos a parar a Vladimir Putin_ ” con el que nos aleccionan los rancios cuando no están directamente alabando a Putin por tener cojones y ser un poco hijoputa. No sé, _hamigos_ : Nariyoshi Miyagi fue internado en un campo de concentración americano (en el que posteriormente su mujer y su hijo morirían por falta de atención médica), salió de allí alistándose en la US Army para luchar en la Segunda Guerra Mundial, fue tan valiente y mató a tantos nazis que le dieron la Medalla del Honor (la condecoración más alta, concedida apenas 472 veces en toda la guerra), luego volvió a un país en el que la mayoría de los estados le prohibían casarse con una mujer blanca y… se dedicó durante 40 años a cultivar su jardín de bonsáis y florecitas, y a trabajar de conserje. Si ese era precisamente uno de los encantos de la película original: que Miyagi te mostraba que la piedad y las florecitas no eran incompatibles con ganar una guerra (porque el supermachote de Kreese, a todo esto, su guerra la perdió). “Solo tendríamos que haber sido un poquito más hijoputas y habríamos ganado.” Finalmente, Lawrence acaba dándose cuenta de que Kreese es un cáncer y le echa, y empieza a decir que “ _bueno, igual sí se puede tener un poco de piedad en ocasiones_ ”. Con el resultado previsible, que es el mismo que el que obtuvo Albert Rivera cuando parpadeó en verano de 2019 y dijo “ _bueno, igual sí se puede pactar con ese señor al que hemos llamado Supremo Traidor a España_ ”: cuando le has dicho a la gente que te tienen que seguir porque tú eres el más bestia, decidido y extremista, en cuanto te ven dudar lo más mínimo te abandonan en masa por otro aún más bestia, decidido y extremista. A Lawrence le dejan tirado sus propios alumnos para irse con Kreese (que además se apropia del gimnasio que ha montado Lawrence – cosas de no poner los contratos por escrito). De nuevo, no tengo estadísticas, pero sé con seguridad que la gente que en mi instituto usaba los descansos para abrirle a todo el mundo el cuaderno y pintarle un pene erecto en plena eyaculación es ahora votante, cuando no militante, de VOX (y probablemente consideran el hecho de haber pintado en los cuadernos en vez de en los libros de texto, y además con lápiz en vez de bolígrafo, como señal de “moderación”). ¿Hay alguna relación entre ambos hechos? Eso se lo dejo a ustedes. Esta segunda temporada ya termina agridulce, televisivamente hablando: por un lado, primer puño a puño de Larusso y Lawrence, y una batalla campal en el colegio entre serpientos y florecitos; por otro, confusiones y equívocos propios de comedia de enredos (que si fulano no dijo algo, que si mengana toda borracha besó a alguien, que si perangana lo vio…) cuyo único propósito es mezclar las cartas para poner a los protas en nuevas e inesperadas combinaciones/alianzas/rollitos de cara a la siguiente temporada. **Temporada 3: final por KO** Así, la tercera temporada nos muestra a Lawrence de vuelta al arroyo del alcohol y la desesperación – pero también muestra a Larusso abatido, ya que tras la batalla campal es visto como uno de los culpables “porque tú haces lo del kárate”, y nadie quiere comprar más coches en su concesionario. Y en general todo el mundo repensando su vida. Lo dicho: se trata de coger a personajes establecidos y empezar a meterlos en combinaciones/situaciones inesperadas. Entremedias, escenas de “soy como soy porque el mundo me hizo así, crecí sin un verdadero padre”, o similar. Muchos de los malos, de hecho, no tienen una figura paterna que se diga estable, Lawrence está ahí el primero, pero de nuevo: Dani Larusso tampoco tenía padre en la peli original y salió aceptablemente bien. Sí, se hizo vendedor de coches, que es uno de los grupos profesionales más fachas y directamente peligrosos de EEUU, más que los caseros, fíjense (aunque no dudo que usan la pasta para comprar pisos), y encima la temporada mete todo un arco sobre como es importante para él vender coches, que lo siente _mu jondo_ , que nada le hace más feliz que ver la ilusión en la cara del comprador porque le recuerda al momento cuando él puso sus manos sobre el volante de un Cadillac del 63, pero más o menos buena persona, y seguro que él al menos tiene vehículos eléctricos en su muestrario. Y nada, para los huecos que quedan, alternamos entre peleas mediocremente coreografiadas, y conmovedoras historias sobre como un chaval se pudo operar gracias a que las _cheerleaders_ del _High School_ organizaron un lavadero de coches benéfico en el que enjabonan parabrisas con poca ropa, porque son feministas, nadie lo dude, pero “con una actitud sexopositiva”. O los useños se agencian de una vez algo asimilable a una sanidad pública, o al resto del planeta nos va a estallar la cabeza con sus historias. Mientras, Larusso se embarca en su viaje espiritual por los escenarios de Karate Kid II para encontrar el Chi necesario para seguir vendiendo Ford Mustangs y Toyotas Daytona a una clientela que considera el transporte público una especie de pecado mortal propio de europeos y masones – mientras Larusso está fuera, decimos, tenemos también la excusa para que las cosas se descontrolen y los serpientos cobrakais se peguen con los miyagis. Por ejemplo, en un partido de fútbol donde (además de jugar de p*ta pena) se reparte leña. Tampoco más que en un partido del Torneo Federal A de la República Argentina, ¡probablemente incluso menos!, pero que sirve para ir preparando la Gran Pelea en unos recreativos donde al nerdo más nerdo de todos le rompen el brazo (pero el drama no será ese, sino que la princesita se quedó bloqueada sin lograr intervenir porque TREMENDO TRAUMA). Aquí vamos a aprovechar para hacer un inciso político, porque resulta que los cobrakais de Kreese tienen algo en común: que provienen, digamos, de los estratos más desfavorecidos de la sociedad. Gente que trabaja de camareros, inmigrantes, o con problemas para pagar el alquiler. Cosa que se deja caer en plan “ _bueno, es que el casero les aprieta y le hace propuestas indecentes a la chavala, normal que ataque con un puño americano con pinchos a la pija que no tiene nada que ver_ ”, en reminiscencia de las justificaciones que se han buscado para los votantes de Trump (cuando el casero seguramente vote republicano, mientras la pija se muere de ganas de cumplir 18 para votar a Hillary Clinton). Si el antisemitismo es el socialismo de los imbéciles, entonces Cobra Kai es la Acción directa de los Bullys. Todo esto tiene un nombre: fascismo (sí, ya tardábamos en sacar el tema). Bueno, esto quizás hay que matizarlo: estrictamente con Cobra Kai estamos ante un hobbesianismo, el-hombre-es-un-lobo-para-el-hombre, interminable-lucha-de-todos-contra-todos, y la vida solitaria, pobre, brutal y más corta que un combate de boxeo entre Mike Tyson y el redactor medio de LPD. Y la única salida sería un Leviatán que imponga el orden. En principio, ese Leviatán es el Estado, pero en Cobra Kai es el _sensei_ (o en su defecto el marrullero más bestia), investido por el _Führerprinzip_ de la capacidad de ordenarlo todo, y así la gente sigue en Cobra Kai aunque el sensei haya expulsado a sus mejores amigos, o incluso haya obligado a apalearlos. Y esto ya es bastante fascista. Que pensamos que fascismo es matar judíos, pero en realidad se trata de crear una sociedad sin clases sociales, a costa de esclavizar a otras sociedades y grupos externos (por ejemplo, pero no exclusivamente, matando judíos). Ushigo-nazi. La temporada en sí termina con los jóvenes y las jóvenas divididas en tres: con Kreese, con el rubio, y con Larusso, cada uno vendiendo su propia filosofía. En lo que están de acuerdo los tres, en un bello homenaje a la democracia española de los últimos 40 años, es en los principios del neoliberalismo: libre competición ante todo, por eso los tres van en comandita a pedir que por favor no anulen el Torneo del Valle. Y luego libre competición por la churri, que (tras tres temporadas) han logrado convencer de pasarse a la actriz que en la peli original era la novia del rubio y se pasó a Larusso (para luego dejarle tras abollarle el coche en Kárate Kid II). Pero tampoco pasa nada, todos cenan muy amigablemente alrededor de una mesa y se cuentan anécdotas del pasado, mientras a la exnovia del rubio le dejan ser lo más similar a una Miyagi de Hacendado. Y francamente, aquí ya dejé la serie porque tras la enésima gran pelea y realineamiento de lealtades, ya parece que estamos ante un ejercicio de combinatoria, y a mi la estadística se me atragantaba mucho. **The Karatekas** **Johnny Lawrence** : el rubio de Kárate Kid. Fracasado existencial que intenta recuperar un poco de chispa vital abriendo un gimnasio. Como ha sido un abusón toda la vida, ahora se extraña de que todo el mundo le deje de lado. Y aunque el tema principal de la serie parece ser su arco de redención, una y otra vez sale con alguna mentira/mierda, particularmente con respecto a Dany Larusso, “que me hizo la vida imposible el muy cabrón, vamos, poco menos estoy en el arroyo por su culpa”. Parte de su arco es empezar a dejar de ser un capullo. Como esto es difícil, los guionistas lo intentan por la vía “es un capullo pero adorable, miradle perdido en el mundo moderno”: no tiene ni idea de Internet, y su alumno tiene que montarle un perfil en una app tipo Tinder (donde por supuesto solo queda con tías buenorras, incluyendo una mujer afroamericana que le habla mucho del patriarcado, del capitalismo y del cambio climático). Su idea de sanar a un posible tetrapléjico es prenderles fuego a sus zapatos. También acaba bailando salsa con la madre de su alumno, y nos confirma que posee esos genes centroeuropeos que, si a su portador le cambias la cadera por una de titanio tras empotrarle lateralmente con un SUV a 65 km/h, acabará bailando mejor que antes. Como el tema de la serie es la nostalgia, también reúnen a Johnny con la pandilla de la película una vez más, para darse todos un último garbeo en moto (“último” porque uno de ellos tiene un cáncer chungo). Y de nuevo, fallo conceptual, porque los demás pandilleros han salido razonablemente “bien”, uno incluso es cura (bueno: “pastor”). Solo a Johnny le ha dado por fracasar en la vida y empezar peleas en los bares (contra un chuloplaya con un pendiente no normativo – esto es carnaza para boomers). Igual no era solo Cobra Kai lo que fallaba. Porque todos somos personas autónomas, y en algún momento Lawrence decidió autónomamente ser un capullo, y eso hay que respetarlo, y la forma de respetarlo es tratándole como se trata a los capullos. Venga, se tenía que decir y se dijo. **Dany Larusso** : el chico de Kárate Kid. Triunfador buenista que quiere defender la idea de un “kárate bueno”, solo para defensa y eso. Con respecto a las películas originales, tampoco es que haya mucha evolución. Por poner _algo_ , en la segunda temporada le montan un conflicto con su mujer: resulta que se pasa tanto tiempo en el dojo que el negocio familiar se resiente. La serie lo visibiliza haciéndole dormir al bueno de Dany en el sofá (en un casoplón de dos plantas y un patio interno tamaño cancha de baloncesto, del jardín ni hablamos, donde al parecer no hay ninguna habitación de invitados). HABER: descuidar el negocio que da de comer a tu familia no es algo “bueno”, pero Larusso tampoco lo hace porque prefiera estar de juerga con unas pilinguis, sino para ayudar a un montón de jóvenes a encontrar su lugar en la vida. Para mí, aunque pierda en el apartado de Responsabilidad, la cantidad de Bien supera claramente a la cantidad de Mal. En general, le usan para revisitar todos los “momentos buenos” de las pelis originales. **Ali Mills** : La Chica de Kárate Kid. Personaje ficticio cuya wiki es más larga que la de la vicepresidenta primera del gobierno. Novia primero de Lawrence, luego de su enemigo, y luego desaparece 35 años porque le abolló el coche a Larusso. Como la actriz en cuestión ha tenido una carrera más o menos apañada (entre otras cosas, fue La Chica de Regreso Al Futuro II+III, y La Chica de la Sangre en alguno de los chorrocientos CSI), no estaba tan desesperada y se negó a acudir a la serie hasta que los productores le dijeron “mira, si apareces por dos episodios, nos inventamos una movida para que tu personaje salga exonerado (sin implicar que Larusso mintió sobre lo del coche) y además te dejamos ser buena sin mácula”. ¿Y cómo ha evolucionado el personaje? Pues ha pasado de “niña pija” (que tiene un pase, inocencia y todo eso) a “vieja pija” (que ya no lo tiene). Que sí, que se ha criado con una madre que vuelve del _mall_ y le dice tan pancha “oye, les he comprado un par de iPads a los niños [PVP/u 1300$], espero que no te moleste”, pero de nuevo, a partir de cierto punto uno es responsable de su propia jeta. En 1988, probablemente incluso consideró votar a Dukakis. En 2020, tiene cara de haber votado por Trump en tres estados diferentes mientras tuiteaba que los democRATs roban elecciones. Para que no se diga, la mujer se ha dedicado a la medicina: cirujana, casada un oncólogo, se mudó a Colorado por trabajo… ¡meritocracia multiplicada por medicina al cuadrado! Pero todo esto no importa, porque se divorcia y, cual turrón, vuelve a casa por Navidad, para caer cual bidón de gasolina en la guerra Lawrence-Larusso. Aunque el personaje nació en 1966 y por dos añitos ya no sería Boomer, es sin embargo la viva escenificación de cómo se ven a si mismas las mujeres Boomer: seres de luz que imparten filosofía de Paulo Coelho, a los que no se les nota demasiado el botox y que aún pueden pasar por madres de adolescentes (cuando ya rondan la edad para ser abuelas). **John Kreese** : el malo malísimo de Karate Kid, el maestro que lleva el dojo donde se enseñan macarradas, golpes bajos y otras cosillas edificantes. Por ejemplo, que si no quieres alimentar a una cobra con un hámster vivo, pues no eres digno de llevar un kimono negro con una serpiente roja. Con cosillas así, Kreese va filtrando a los cobrakais hasta que solo quedan los más malotes. “Si te cepillas a esa ardilla, te asciendo a cinturón marrón.” Kreese salía en la peli original (y luego otra vez en la tercera), así que en cierto modo es el malo canónico de la saga. Pero la serie quiere ser un poco más profunda, y le da una _back story_ : su padre le abandonó, su madre se suicidó, y todo el pueblo se reía de él y le gastaba las peores bromas, menos mal que llegó la Guerra de Vietnam para sacarle del pozo y convertirle en un ONVRE de verdad a costa de matar a gente, incluyendo a su maestro. Que sí, pero que igual de reputas las pasó Miyagui y no acabó así, joder, que os estáis cargando lo poco bueno de las pelis originales. **Kumiko** : La Chica De Karate Kid II. Sí, una mujer sin apellido, que estamos hablando de Japón (y eso que Okinawa tiene fama de ser relativamente progre y abierto para lo que es el país del Sol Naciente). El rollete de Larusso en la peli, ahora simplemente son amigos, pero eso no impide a los guionistas jugar a recrear toda la segunda película. Incluyendo el enfrentamiento con Chozen Toguchi (sí, a este sí le dan un apellido), el malo que lleva 35 años cultivando resentimiento porque Larusso le derrotó – ¡y le dejó con vida! ¡Tremendo deshonor e infinita crueldad de Diez Mil Años! **Nariyoshi Miyagi** : EL AUSENTE. Al menos se han cortado de replicarle mediante IA o con algún actor. Y mira que tienen ganas de sacarle: que si vamos a visitar su tumba, que si sacamos su casa, que si todo el rato metraje de las pelis originales, que mira, no vamos a sacarle pero nos inventamos una carta que escribió en su lecho de muerte y que ahora surge, leída por La Chica De Karate Kid II con musiquita épico-samurai, para guiar al prota en su momento de mayor desesperación. Claro, con el resto del reparto de las pelis originales todavía vivo y presentable (y presentado), quedaría feo hacer trampas precisamente con él, pero yo desde aquí me apuesto una cena a que de aquí a 15 años habrá una miniserie “Miyagi” a modo de precuela, con las aventuras de Miyagi matando fascistas a kárate limpio en Italia en la Segunda Guerra Mundial. Por algo la franquicia es conocida ya como el Miyagi-Verso. **** **** Y tras este homenaje a glorias pasadas, pasamos a los que no salían en las pelis. **Robby Keene** : este es el hijo de Lawrence, que ya no quiere tener nada que ver con su padre, y que escoge a Larusso como maestro solo para picarle. Se supone que Robby nos tiene que caer mal para luego progresivamente evolucionar hasta caer bien. Para ello nos lo presentan como un proto criminal, pero muy inteligentemente no como abusón: sí, pasa droga y realiza hurtos menores, pero carece por completo de la principal característica del abusón: la violencia gratuita “porque puedo” contra el más débil. Robby se pelea, pero no tiene reparos en hacerlo con los de su tamaño, o incluso contra dos y hasta tres a la vez. Por darle un puntito trágico, al final de la segunda temporada intenta mediar en una pelea – y se lleva la del pulpo, a veces de varios serpientos a la vez, así que cuando su rival tiene un momento de debilidad aprovecha para hacerle daño de verdad. Acaba en un correccional mientras le levantan la novia, momento ante el que reacciona como un incel de manual: yéndose a Cobra Kai. ¡Ahora él es el malo! ¡Y la culpa es de la chica! **Miguel Díaz** : el alumno aventajado de Lawrence, que acaba siendo una especie de hijo sustitutivo, un alumnijo. A través de Miguel, Lawrence inicia su viaje a lo _woke_ (es decir, deja de considerarlos a todos “morenitos” y ya distingue entre “morenito mexicano”, “morenito de Ecuador”…). Hijo de una madre soltera inmigrante, es en cierto modo el Dany Larusso de esta generación… pero que en vez de acabar bajo la tutela de un Maestro Miyagi acaba bajo un Sensei Kreese. El espíritu de Cobra Kai no le atrapa del todo, solo le sale el puntito cabrón en los momentos clave, pero basta para que su novia rompa con él. Otra cosa que se rompe (presuntamente) es su columna vertebral, con lo que se pasa media tercera temporada tirado en una cama. **Samantha Larusso** : la hija de Dany. Una niña bien pero que reparte _yoyah_ como panes. Liada sucesivamente con Díaz y Keene. Buena gente, pero también pija californiana de la muerte a la que no vemos vestir dos veces la misma prenda. Su padre y abuela, que mamaron pobreza proletario-inmigrante durante décadas, son un poco más conscientes de su posición en la vida, pero ella parece creer que todos los adolescentes reciben un BMW deportivo biplaza al cumplir los 16 años. Las eróticas consecuencias del kárate. **Eli “Hawk” Moskowitz** : el otro alumno aventajadillo de Lawrence. No tan bueno como Díaz, pero más marrullero, es decir, más cercano al espíritu de Cobra Kai. La serie nos quiere dar una explicación de su matonismo: tiene un labio leporino que le convierte en objeto de burla en el colegio, lo que le llevaba a lloriquear mucho con que es un perdedor y que nunca tendrá una novia cañón y tetuda a la que le guste ******sela noche y día. Que aquí hay un problema es evidente, y podemos discutir durante todo el día si la sociedad le hizo así o si a Eli le faltaba la patatita p’al kilo, pero Larusso también se llevaba su buena ración de _bullying_ y no terminó psicópata perdido con un tatuaje de hombro a hombro y liderando una pandilla de abusones. Como el capitalismo en ocasiones es realmente meritocrático, Lawrence y Cobra Kai aceptan a Hawk tal como es siempre que sea lo bastante bueno y marrullero. Cosa que es: la rabia acumulada no se va de un día a otro, y Hawk se convierte en el instrumento predilecto de Kreese para meterse cual cáncer en Cobra Kai. **Demetri Alexopoulos** : un millennial en estado puro. Es decir, alguien con pocas ganas de esforzarse (como todos, _hoygan_), pero sincero acerca de ello (en esto fallamos las generaciones anteriores, quizás tendríamos un mundo mejor si hubiésemos dicho todos en voz alta que esto de trabajar es una mierda como un piano). Como Larusso es un nuevo Miyagi, se las arregla para sacarle adelante pese a todo (entre otras cosas, gracias a la afinidad de ambos por Juego de Tronos). Como en realidad pasa un poco de todo y le gustan los comics, no puedo evitarlo: es el que mejor me cae. **Tory Nichols** : el proletariado hobbesiano. Chavala con madre enferma y problemas para pagar el alquiler, el casero le hace propuestas indecentes (bueno, igual ni siquiera es el casero sino el encargado), y se lo resuelve Kreese aplicándole las tuercas al cabrón. Normal que Tory acabe siendo la cobrakai más cobrakai de todes. Representante del fascismo strasserista. **Medianoche en el jardín del buenismo y del malismo** La película original, siendo más simple que el mecanismo de un sonajero, dejaba claro quién era el bueno y quién era el malo. Si no quieres hacer un interminable refrito de todo esto, tienes que reabrir todo este melón, y mostrar que a lo mejor el malo no es tan malo y el bueno no es tan bueno. Bien por eso, porque nada es totalmente blanco o negro. Que ver las cosas desde el punto de vista del otro, sí, es el camino a la sabiduría. Pero sin llegar al “todo vale”. El problema es que últimamente hay, no digo una cierta indulgencia con el malo en plan buenista hay-que-andar-en-sus-zapatos, sino directamente una reivindicación, una caída precisamente en el “todo vale, no existen el Bien y el Mal, solo la Fuerza y el Poder”. Personajes que a veces tienen sus matices y tal, pero que definitivamente No Son Buena Gente, y a los que los guionistas han puesto en boca burradas precisamente para demostrar que son Mala Gente, pero ahora resulta que hay gente que se toma eso como “jaja, ¡verdades como puños!” Porque es sorprendente la cantidad de avatares en redes sociales que se ponen la foto del Joker, de Homelander, de Cartman, o similares. Ostentosamente, como reivindicación de “se acabaron las buenas maneras”, pero casi siempre para hacer abusos cibernéticos (ni siquiera exclusivamente fachas, aunque en su mayoría). Y por supuesto ahí está Cobra Kai: el malo y abusón, en cuanto se le han añadido unos cuantos matices, ha sido reivindicado como el bueno, para poder abusar sin remordimientos, con alguna excusa “esto los prepara para la vida real”. Esto es una manifa pro-Trump. El mecanismo psicológico subyacente, porque no parece que sean casos aislados, es lo que algunos llaman muy aptamente “el malismo”. De esto vamos a hablar un rato. ¿Qué es el malismo? Pues es lo opuesto al buenismo. Vale, esto era fácil, pero ahora toca definir el buenismo, que al menos tiene la ventaja de ser un término con un cierto uso ya. Incluso tiene definición en la RAE: “ _m. Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia. U. m. en sent. despect._ ” Yo me hubiese esperado que la definición de la Academia fuese “ _todo lo que no le gusta a Arturo Pérez-Reverte_ ”, porque la definición oficial no me termina de valer del todo (no descarto que la haya escrito el propio Reverte). Quizás necesitemos una segunda acepción: “ _despliegue público de virtudes y posicionamientos, mayormente progresistas y políticamente correctos, sin otro propósito que quedar bien ante un público ídem_ ”, pero para entender _realmente_ los conceptos buenismo-malismo, nada como personalizar todo esto en dos figuras políticas, diametralmente opuestas, que pueden con justicia ser categorizados como sus exponentes más puros: José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, como exponente del buenismo, e Isabel Natividad Díaz Ayuso, I(N)DA, como campeona del malismo. Como verán, no pueden ser más distintos: ZP, dechado de valores familiares tradicionales, está felizmente casado con su novia de la universidad y tiene dos hijas a las que quiere mucho y consiente hasta que vayan de góticas a una recepción en la Casa Blanca, mientras IDA está divorciada sin hijos y ya le hemos conocido varios novios desde que es presidenta de la Comunidad de Madrid. ZP siempre defendió el respeto a otras religiones, IDA es una provocadora en la línea de FEMEN. ZP se describía como “optimista antropológico”, IDA cree que lo deseable es ser “callejero y pandillero”. ZP siempre respetó la línea del partido, llegó a dirigirlo gracias a una votación secreta en un congreso, y fue defenestrado por el organigrama; IDA fue candidata a dedo y en cuanto a su respeto a la dirección del partido, pues qué vamos a contarles que no esté pensando Don Pablo Casado Blanco. ZP dejó la presidencia hace ya quince años y (al contrario que los “eléctricos” Aznar y González) los ha dedicado a trabajar en diversas organizaciones y fundaciones públicas; de IDA todos sabemos que el día que salga de la política tomará un taxi rumbo al consejo de administración de alguna empresa concesionaria constructora/sanitaria de lo público, sin pasar siquiera por casa a cambiarse. ZP, en suma, era buenismo en vena; en cambio, cuando a IDA le leyeron la carta de una niña en exclusión social, hablando de ducharse con agua fría o tener que estudiar a la luz de las velas, contestó fríamente que ella “no gestionaba sentimientos”. Quizás el malismo sea como la pornografía: nos cuesta definirlo, pero lo reconocemos cuando lo vemos. Buenismo en acción. (Un inciso: evidentemente, ZP ante la lectura de semejante carta hubiese reaccionado muy diferente, igual incluso hubiese llorado – para luego no hacer nada, o lo que le mandara Merkel, que eso es lo que fue básicamente su presidencia a partir de cuando las cosas se torcieron. Esto es importante: “buenismo” no es lo mismo que “bueno”, ni “malismo” es lo mismo que “malo”, hablamos de relaciones con los medios y de construir una imagen pública, no de políticas efectivas. En este sentido, resulta uno de los grandes misterios de la España contemporánea que quienes deberían desearle a ZP una muerte lenta y cruel por joderles la existencia para los restos -básicamente, cualquiera con menos de 40 años, o que no vaya a heredar pisos a pares- le vean con indiferencia, e incluso con una cierta simpatía por sus avances sociales… y quienes deberían estarle eternamente agradecido como salvador de sus chiringuitos -básicamente, cualquiera con más de 60 años y todos los rentistas- ven en él al Anticristo hecho carne. Los caminos de la política española a veces son inescrutables.) Habiendo usado las figuras de ZP e IDA para perimetrar el malismo/buenismo, surge de forma natural la pregunta: ¿acaso el buenismo siempre es de izquierdas, y el malismo siempre de derechas? Y la respuesta a esto es un rotundo SÍ, PERO. Porque ambos pueden ser emitidos ocasionalmente desde campos políticamente insospechados. _Exempli gratia_ : el Papa Francisco, poco sospechoso de ser “de izquierdas” en un sentido ortodoxo-formal, solo tenía que hablar un poco de los pobres del mundo y de la necesidad de cuidar el medio ambiente, para _ipso facto_ ser acusado de comunista. Obviamente lo suyo no era comunismo sino buenismo, pero lo significativo es que la mera emisión de buenismo ya es percibida como “comunismo”, es decir, izquierdismo extremo, por muchas derechas. Similarmente, cuando ciertas izquierdas abogan por el autoritarismo como solución a algún “problema” (Cataluña, inmigración, feminismos/sexualidades dependoladas…), eso en el resto de la izquierda es percibido como derechismo/rojipardismo/tankismo. Pero estas declaraciones no ocurren en un vacío (salvo cuando las emite Pedro Sánchez), sino ante la imagen de un personaje público: las mismas palabras en pro de los pobres que le valieron a Francisco I las acusaciones de “comunista”, en boca de Benedicto XVI, no digamos Juan Pablo II, no habrían tenido mayor consecuencia: la derecha habría dicho “ _pues muy bien dicho, claro, toda la razón del mundo, en eso consiste la moral cristiana_ _que nos eleva por encima de los hipócritas de la izmierda_ ”. El problema de la derecha con Francisco I y León XIV es que realmente parecen decirlo EN SERIO. ¡Cualquier día se lían la manta a la cabeza y empiezan a excomulgar a gente! Y ese punto, ese “decirlo en serio”, es lo que marca la diferencia. Es “postureo pero a partir de un sustrato serio”. Ese puntito final no cae del cielo, no se puede construir enteramente con palabrería vacía, es necesario invertir algo real en crearlo. ZP, por ejemplo, entró en la Moncloa y a los 5 minutos retiró las tropas de Irak. Esto, aunque para la derecha fuera “buenismo” en estado puro, sí que fue algo “bueno”, en el sentido de que estaba cumpliendo una promesa electoral que además deseaban millones de sus votantes (y pagando un terrible precio por ello, al menos según el ABC). Con esto y mucho buenismo, ZP vivió tan tranquilo dos legislaturas, hasta que la crisis se lo llevó por delante. IDA, por su parte, aún era una relativa desconocida en 2019, obteniendo solo un 22% del voto popular. Pero bastó para ser investida y poner sus garras sobre toda esa jugosa publicidad institucional de la Comunidad de Madrid, y a partir de ahí, con unos medios comiéndole de la mano y dando la patita cuando ella silbaba, empezar a crearse el personaje público que hoy conocemos. Un personaje con el que hay que decir que dio totalmente en el blanco: ese era exactamente el personaje público por el que la derecha española estaba lampando. No tan rica como los Espinosa-Monasterio, no tan hosca como Abascal, no tan fea como Aznar; sino una mujer (para rebatir “al feminismo salido de madre”), de “clase media” (más falso que un euro de madera, pero Ayuso al menos resulta más creíble en ese papel que Esperanza Aguirre, condesa consorte), y “que no se calla”. Al contrario que ZP, Ayuso no necesitó un “Momento Malo” para obtener el puntito final. Cuando han llegado sus “Momentos Malos”, que los ha habido (mi favorito es cuando le retorció el cuello al gatito naranja que confiaba en ella), ya solo lo han hecho para la izquierda. La imagen malista tiene esa ventaja: ¡todo el Mal que hagas parece natural y todo! Con estos mimbres ZP+IDA, ya tenemos material para una primera definición del malismo: _despliegue público de defectos y posicionamientos, mayormente retrógrados, reaccionarios, ofensivos con minorías y políticamente incorrectos, sin otro propósito que servir de pantalla de proyección a un público ídem que querría poder decir lo mismo en público, pero no se atreve_. “A ver, o sea, el Mal existe, ¿sabéis? Dios lo permite, Dios nos da mazo de LIBERTAD de ser buenos o malos, en vez de obligarnos a ser buenos. Bueno, yo hablo de la maldad moral, que la maldad natural, la gente que se muere de terremotos, huracanes o en residencias, pues eso son los ángeles caídos haciendo de las suyas. Pero en la maldad moral tenemos LIBERTAD. Entonces, si no hiciéramos el Mal, la LIBERTAD no serviría de nada, y eso sería negar a Dios. Hacer solo el Bien es Comunismo, porque solo el Mal demuestra la existencia y uso de la LIBERTAD. En conclusión: que se jodan los progres.” (Biblia Malista, parábola del Buen Privatizador, Epístola de Ayuso a los matritenses, 18:7) Los malistas, estrictamente, aunque se regodeen en él no hacen el Mal, aunque obviamente el paso de lo uno a lo otro es cada vez menor. Sobre todo, porque el malismo permanente lo hace socialmente palatable. Si hay figuras públicas exhibiendo malismo tóxico, más y más personas empezarán a pensar que esto es normal y aceptable. Eso solo se para dejando de reírle las gracias al abusón, y no tengo claro que ya hayamos llegado al fondo de ese pozo. **Valoración** Hace algunos años, alguien en Hollywood se dio cuenta que los únicos que todavía tienen dinero en este _Untergang_ de Occidente son los Boomers, así que hay que hacer productos culturales para ellos y que les recuerden sus años de gloria, que para los Boomers más jóvenes son la década de los ochenta (los Ur-Boomers son más de mover las caderas con Elvis). Todo junto se combinó para hacer esta serie, mostrando a los dos protas 34 años después. Tan normalita como la película original, pero estirada ya sobre seis temporadas de diez episodios cada una (yo he podido con tres temporadas y ya me planto). Normalita… y a la vez fascinante, por ser un paradigma perfecto del universo Boomer, y de como se ve esa gente: siempre en el centro de la acción. Están las tramas con los jovenzuelos (que van todos ellos al mismo colegio público, desde el hijo del ricachón a los que son carne de Servicios Sociales, porque en la América Boomer no hay clases sociales desde el nacimiento, qué tontería, como mucho hay gente que ha pillado una mala racha que la obliga a vivir en -gasp- apartamentos en lugar de chaletes) que se supone deben atraer al público ídem, pero ya están ahí los guionistas para que no estorben demasiado. Para lo que se trabaja, desde el minuto uno, es en crear anticipación para la revancha Larusso-Lawrence. La sociedad civilizada nos obliga a vivir con reglas. En el Salvaje Oeste, donde nace espiritualmente la filosofía ayusista, tú ocupabas tus 200 hectáreas de tierra (previo apiolamiento del nativo americano), cavabas un pozo del que beber y otro para cagar, y listos. En nuestras modernas sociedades urbanas, en cambio, si haces eso más temprano que tarde alguien va a cagar en el pozo de beber de otro. Por eso, a más gente apelotonada y más tecnología, más reglas son necesarias. Pero como ahora los avances son tan rápidos, hay gente que no logra seguirlos porque cree que el nivel correcto de reglas es el que existía cuando ellos tenían 15 años. Ahí está esencialmente el boomerismo destilado. Y toda la filosofía de Lawrence mamada en Cobra Kai recuerda mucho a las ranciedades que para generaciones anteriores eran el pan de cada día: que los abusos, las putadas y las bromas pesadas son buenos porque “forjan carácter”. Amigo, déjame decirte algo: si de joven las pasaste reputas, sea en la mili, en el curro o en el _dojo_ , porque era lo que había y te tocó, pero ahora quieres que los jóvenes de hoy las pasen igual de reputas porque a ti te sirvió para hacerte un hombre y una persona de bien… lamento decirte que habrás hecho de ti muchas cosas, pero una persona de bien como que no. **Compartir:** Tweet

Ayuso, Trump, bullies del instituto y filosofía moral de chichinabo. ¿Dónde? Pues en la única web que lo puede aunar todo: LPD.

Crítica de la serie #CobraKai , la secuela de #KarateKid

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Troubled new kid in town has to fight to prove himself. Super predictable and basic. A 'modern' take on Karate Kid. Decent fighting and charismatic leads, but doesn't add up to much. Watchable, but instantly forgettable.
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THE KARATE KID PART III (1989) ★★✮☆☆ The Karate Kid Part III déçoit avec son recyclage d'idées et une réalisation fade. Malgré la performance mémorable de Terry Silver, le film manque d'âme et de profondeur, clôturant tristement la trilogie originale.

Daniel contre le Cobra Kai, le round de trop ? 🥋 Découvrez notre critique sans complaisance de THE KARATE KID PART III (1989). Entre bonsaïs et psychopathie, le verdict est tombé ! #KarateKid #CobraKai #Cinema80s #AvisFilm

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REVIEW - The Karate Kid: Street Rumble. Beat em up bonito pero repetitivo y con pocas ideas - 4 #karatekid

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Way of Kamakura is now streaming on all platforms. I’m incredibly proud to finally share this journey with you. Step onto the path. ⛩️
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He flipado al ver las edades.

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Witness an AI craft a hilariously accurate, yet whimsically animated scene of Byron as a karate kid on the shore. The outcome is impressively detailed with a touch of Pixar-like magic. #AIArt #KarateKid #DigitalArt #CreativeAI #SurrealArt #becomefriendswiththepod

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Karate Kid (1984) Filming Locations Then & Now eigenwereld.nl/nieuws.php?i... #karate #dojo #miyagido #karatekid #thekaratekid #mrmiyagi #KarateKidLegends #KarateKidMovie #KarateKidCinematicUniversums #KKCU .@Universal_NL .@UniversalEntBLX .@UniversalPics #universalpictures

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Ralph Macho il se fait quand même bien taper dessus #antipatriarcat #KarateKid

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GeoLe (George and Lyle) from Cobra Kai is the neatest ship. Obviously. 😋😋😋😋😋😋😋😋 #CobraKai #KarateKid #TheKarateKid #George #KurtYue #Lyle #MattBorlenghi

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I'm binge-watching Cobra Kai for the second time and it cannot be overstated how incredible Johnny Lawrence's journey was throughout the series, and William Zabka doesn't get the plaudits he deserves for bringing this awesome character to life! #CobraKai #KarateKId #JohnnyLawrence #WilliamZabka

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