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Jocolí: les robaron 7 veces en menos de 15 días
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Siete robos en menos de tres semanas sacudieron a la Unión Campesina y Territorial de Jocolí, pero la comunidad advierte que detrás de la seguidilla delictiva emerge una crisis social más honda, atravesada por consumos problemáticos, falta de oportunidades y ausencia estatal.
## Los hechos
La ola de robos comenzó la madrugada del martes 24 de marzo, en las vísperas del feriado por el Día de la Memoria. Dos sujetos ingresaron al predio de la Unión Campesina y Territorial, en calle Quiroga, del distrito norteño y, violentando una ventana con reja, sustrajeron 3 garrafas, 2 balanzas digitales y herramientas de mano, de un salón de usos múltiples en las que el grupo “Mujeres de Pié” elaboran sus mermeladas y conservas caseras y el almacén “Posta Campesina” prepara los pedidos que reparte cada semana. Gran parte de los movimientos quedaron registrado en las cámaras de seguridad que la organización tiene instaladas en sectores del exterior del predio. Horas antes, y sin registro por un “punto ciego” que tienen las cámaras, ingresaron a uno de los baños y se llevaron inodoro, lavamanos y hasta la puerta.
Al día siguiente, integrantes de la organización se juntaron a arreglar la reja que habían roto y realizaron una suerte de “barricada” sobre las ventanas para impedir nuevos ingresos, además de reforzar la iluminación de algunos sectores. Se convocó a la policía que realizó una inspección ocular, y se comprometió a elevar la denuncia a la fiscalía, pero eso nunca ocurrió. Pidieron rondines que no se realizaron la noche siguiente. Todo el esfuerzo fue en vano.
En la madrugada del miércoles 25 nuevamente dos individuos ingresaron al predio, y con un destornillador y palos violentaron nuevamente la reja, empujaron los objetos que se habían colocado e ingresaron, en 2 oportunidades, a las 2 y a las 4 de la mañana. Esa noche, en esos dos nuevos robos, se llevaron: ollas de acero inoxidable, quemadores, media bolsa de azúcar (todos elementos de trabajo del grupo de mujeres), 2 rollos de membrana y un televisor de 52 pulgadas que había sido donado recientemente.
Al día siguiente, integrantes de la organización movieron cielo y tierra, y con la colaboración de la comuna, lograron que varios móviles de la policia local se presentaran, además se hicieron presentes agentes de Investigaciones, y lograron que fueran de la Policía Científica a realizar peritajes. De esa manera, con un gran despliegue, se allanó un domicilio del que se recuperaron algunas de las cosas robadas la noche anterior.
Durante todo el día, nuevamente integrantes de la organización estuvieron trabajando para profundizar las medidas al extremo. Tuvieron que tapiar las ventanas por las que ingresaron los ladrones, perdiendo luz y ventilación en un lugar que se utiliza casi diariamente. Reforzaron puertas con trancas y candados, colocaron reflectores y luces más potentes en algunos puntos. Durante unos días, y luego de que la policía se viera obligada a realizar rondines por las noches, la situación se calmó.
Pero en la noche del lunes 6 de abril volvieron a ingresar. En otros 2 “viajes” se llevaron un tablero y herramientas de mano de un depósito al que le rompieron el techo, algo de grífería que había quedado en el baño que ya habían desvalijado y “arrancaron”, encendido, uno de los reflectores que se habían colocado unos días atrás. Impresiona ver el video en el que el propio ladrón, luego de “luchar” contra el reflector con corriente, logra arrancarlo, arriesgando su propia vida. Nuevamente se comenzó el derrotero de denuncias y rondines policiales.
Finalmente ingresaron una séptima vez, en la madrugada del pasado viernes 10, para robarse una ventanita minúscula y otros de los reflectores con la misma técnica del “tironeo”. Nuevamente la denucia, el rondín; y la impunidad y frustración de que nada se resuelve.
## Cómo se lo vive en la comunidad
Tuvimos la oportunidad de reunirnos con algunos vecinos de la zona e integrantes de la Unión Campesina y Territorial, quienes pidieron preservar su identidad, para analizar lo ocurrido más allá de los hechos delictivos puntuales.
“No entendemos cómo se hace un allanamiento y no se detiene a nadie” lanzó una chica al comenzar. Además aclararon que las cosas recuperadas aún no ha sido devueltas. “Lo que pasa es que el sistema no funciona, te dicen que hagas la denuncia, pero es al pedo, porque despues no pasa nada” señaló otro vecino que fue víctima de un robo semanas antes, y concluyó “algún día de estos, algún vecino enojado se va a mandar una cagada, cuando encuentre a los ladrones en su patio o su casa”.
Los entrevistados reconocieron que los tótem y las denuncias virtuales faciltaron la forma de realizar las denuncias, pero insisten que es una pérdida de tiempo. En lo que va del año, sólo en los alrededores de la calle Quiroga, se han producido más de 25 robos, muchos de ellos no denunciados por el hartazgo. Incluso un vecino “recuperó” lo robado por cuenta propia, con amenazas, yendo al domicilio de los ladrones antes de que lograran venderlas. “En cada robo, los policías que hacen la inspeccion ocular, que siempre son distintos, desconocen, o no les interesa, el hecho anterior, no hay vinculación de los expedientes aunque el robo sea en el mismo lugar” señaló una señora.
Otra vecina fue más allá: “el problema es la droga, los chicos, y no tan chicos, roban para comprar, venden las cosas por dos pesos, lamentablemente algunos vecinos compran, pero con ese tema nadie hace nada”. Los vecinos y vecinas con quienes conversamos aseguraron que la policía sabe perfectamente donde funcionan los “kioskitos” de droga, pero no actúan, “y los pibes de nuestra comunidad se siguen arruinando la vida, y nos la arruinan al resto de los vecinos con situaciones como esta” sintetizó un señor.
“Acá en Jocolí la juventud tiene pocas oportunidades, hay poco trabajo, no hay plata en la comunidad” explicaron, y señalaron que el deporte y el arte no son actividades que estén priorizadas en las políticas públicas provinciales o municipales, y que los derechos como la salud y la educación están vulnerados. “Además el pueblo ha crecido mucho, mucha gente de afuera se viene a vivir y los servicios no acompañan ese crecimiento, y todo empieza a colapsar” planteó otra vecina, y una tercera sumó: “la ausencia, todos estos días, de autoridades municipales, se siente como un total abandono estatal”.
“La cosa no se soluciona solamente metiendo presos a los chorros, no digo que no hay que hacerlo, pero si no se aborda seriamente el tema de las adicciones, los narcos y las oportunidades para los más jóvenes, esto se va a seguir dando” concluyó una de las entrevistadas.
## Trascendiendo los robos: una comunidad atravesada por consumos y falta de horizontes
Detrás de la seguidilla de robos aparece una preocupación más profunda que en Jocolí, y en muchos otros distritos de nuestro departamento, se repite en voz baja, entre bronca, miedo y tristeza: el avance del consumo de drogas en una comunidad que siente que se quedó sin respuestas.
Lejos de una mirada simplista o meramente punitiva, vecinos e integrantes de organizaciones coinciden en que los robos son apenas la expresión visible de una trama más compleja, donde se mezclan consumos problemáticos, economías de supervivencia, ausencia de dispositivos de acompañamiento y escasas oportunidades para jóvenes y adolescentes.
En ese escenario, la preocupación no se agota en la pérdida material: lo que más duele es el deterioro de los vínculos comunitarios. Cuando quienes roban, delinquen o venden drogas, y quienes sufren los robos o tienen familiares adictos, comparten calles, escuela, historia y hasta parentescos, la crisis deja de ser “de seguridad” para transformarse en una fractura social que erosiona la vida cotidiana del pueblo.
Las voces recogidas en la comunidad apuntan a una sensación de abandono: faltan espacios de escucha, políticas de prevención y acompañamiento de consumos, propuestas culturales y deportivas sostenidas, trabajo genuino y presencia estatal en clave de cuidado. Sin esas herramientas, advierten, el problema seguirá reproduciéndose, no como una suma de delitos aislados, sino como síntoma de una comunidad que pide ser reconstruida desde el tejido social.
Jocolí: les robaron 7 veces en menos de 15 días
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