En la que me preparo para una partida de Runequest
[Escrito hace un año, más o menos]
Mañana vamos a acabar una partida de _Runequest_ que empezamos hace unos meses. _Runequest_ es uno de los primeros juegos que me compré con 11 años. Las ilustraciones y su mundo me cautivaron un tiempo pero recuerdo haber jugado muy poco. El juego actuó como símbolo y atrajo otros juegos que poco a poco poblaron mi estantería y que sí que jugué (y mucho): _La llamada de Cthulhu, Vampiro la mascarada, Pendragón y Kult_. No muchos más, esos fueron mis cuatro juegos de adolescencia. Jugué mucho a todos, pero no hubo una gran variedad. Después paré durante muchos años, unos veinte. De hecho es ahora, con 38 años, que he vuelto a ser jugador de rol.
Me imagino los años anteriores como un gran útero de experiencias que me han permitido retomar la afición sin que sea pura nostalgia o una regresión en toda regla. Es muy fácil jugar de forma regresiva: basta jugar para proyectar la sombra en el juego, en los PNJ’s o en los demás jugadores. Es decir: decido ver lo que no me gusta de mí en los demás.
Supongo que para que el rol no sea regresivo hace falta que pueda inscribirse en tu proyecto vital con toda normalidad. En mi caso está presente en mi escritura, en la relación con mis hijos y mis amigos, en mi trabajo… el rol se ha convertido en un elemento más para crear vínculos con los otros. Igual que la literatura, el cine o los videojuegos.
En cambio la regresión es un intento de huir de ti mismo y de los demás, en un intento desesperado por tratar de no afrontar la sombra que se te presenta como propia. Cuando el rol se juega de esta manera es peligroso y puede llegar a ser dañino. Se convierte en puro escapismo del proceso de maduración psíquica y te arroja a dinámicas del pasado que implementadas en el futuro pueden ser muy destructivas, aunque en el momento en el que funcionaron tuvieran su sentido.
El mundo del rol no puede estar separado del mundo cotidiano, como una especie de esfera que se separa de las obligaciones. El rol debe ser atravesado por la necesidad de preparar la comida, de barrer y de hablar con tus hijos.
El rol no funciona como huida de tu mierda más oscura, si no que es un intento de aceptarla. Por eso idealizar la mesa de juego como un lugar perfecto en el que vivo aventuras sin el peso de la vida cotidiana es juego regresivo. En la mesa de juego me va a sorprender mi sombra y es bueno que lo haga y que la siente a mi lado para que lance los dados por mí, como una manera de soltar el control ante mi otro, y como manera de integrar las diferentes piezas del puzzle psíquico que me conforma.
Espero mañana poder sentar a la mesa mi sombra. Este grupo es el primero con el que empecé hace unos meses a jugar otra vez de forma presencial. Está formado por Micky, Gabi Dols, Xavi Vadell y Ana Isern. Ellos son personas amables y cercanas. Además cuando están en la mesa siempre tienen una sonrisa y les encanta bromear. Traen comida, preparan pasteles y lo riegan todo con cerveza, té y café. Ana siempre nos ofrece su casa y mañana iremos a Algaida a conocer su nuevo hogar ya que se ha mudado hace poco. Es emocionante esto del rol cuando está bañado y consagrado por esto de la amistad. Y para celebrarlo invitaré a mi amiga oscura a que lance los dados de 100 durante la partida de mañana. Larga vida a _Runequest_. Aunque en realidad todo esto es un intento de poner palabras a lo que no puede ser dicho. A saber para qué sirve el rol.
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