Don Quijote de la Mancha, Pablo Picasso, 1955. “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”. Con estas líneas arranca la obra más importante e influyente de la literatura española. Las alocadas, y tragicómicas, aventuras del “caballero” Alonso Quijano y su fiel escudero Sancho Panza traspasaron todas las fronteras y se han asentado, todavía hoy, como una novela de referencia en todo el mundo. Tanto es así que numerosos artistas trataron de ilustrar semejantes hazañas narrativas. Dicen que los grandes personajes de la cultura de un país o territorio están de algún modo conectados, que se buscan entre ellos. Así fue cómo Pablo Picasso creó esta icónica ilustración de los personajes creados por Cervantes. A través de su estilo particular, Picasso convierte a ambas figuras en unas líneas y formas apenas esbozadas. Durante las décadas de 1960 o 1970 esta imagen fue empleada por numerosos movimientos estudiantiles, quienes la acompañaban con la frase “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”. De la mezcla de Cervantes y Picasso no podía salir nada malo…
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